En el primer día, al instante posterior a la luz primigenia, hubo sino un alma (EL alma) vagando desde el origen a través del infinito crecimiento, alma hija de la misma primera luz. Hubo desde ahí el espíritu de El Señor.
En la curva del cosmos la luz desaparecía a momentos, luego aparecía y así para siempre. Era ritmo holístico. Así vio el alma que había luz y oscuridad en el todo y siempre.
El alma de El Señor se resguardaba en la oscuridad como centinela. El alma de El Señor se descubría en la claridad como protector.
Entonces, mientras el tiempo nacía, emergía y desvanecíase el mismo principio etéreo en un ciclo elíptico eterno: un vaivén perpetuo, porque sino en él era todo desde siempre y para siempre, la observación del espíritu original podía ser o no ser posible, en cuanto se está o no bajo el manto de la luz, o en cuanto se está o no bajo el manto de la oscuridad. Luego en el infinito, y sólo porque se percibió, el alma de El Señor define el trazo del cosmos. Así vio el alma que había siempre todo entre la luz o la oscuridad, nunca en ambas a la vez, que había cosas brillantes y cosas sombrías, y que las brillantes no eran segmentos de la oscuridad, y que las sombrías no eran segmentos de la luz.
El alma de El Señor dio cuenta entonces de ambas caras del plano, e hizo de la existencia una tridimensionalidad. Vio también que había una penumbra entre la luz y la oscuridad, y también una aurora entre la oscuridad y la luz, cíclicamente según su contemplación.
Y entonces dijo "Que el oscuro no hable de la luz como si fuera su cueva nocturna, ni el luminoso hable de la oscuridad como si hablase de su nido diurno, pues todas las palabras y sus imágenes quedan atrapadas en las membranas de sus limbos".
Como un contrato universal, el día y la noche se tomaron de la mano para siempre.
El Señor finalmente dijo "Que mi verdad sea escuchada con ansías porque es de día, y que todos alaben la luz que regala el cielo porque tienen esta verdad. Pero que también escuchen mi otra verdad, que esa verdad sea escuchada con asombro porque es de noche, y que todos sean cautos y valientes con la oscuridad que regala el cielo porque tienen esta otra verdad.
Porque hay luz antes y después de la oscuridad, y así siempre en forma de elipse, es que hay verdad tanto en el día como en la noche. Que no se conformen las nuevas almas con un único vistazo al eterno cosmos."