domingo, 24 de junio de 2012

tercer momento de superrealismo

Puedo decir lo que digo pues todo veo; soy el Dios, pues de hombres me hice, de siervos; soy el que crea y atemoriza, el que propone; soy el que estuvo primero, y el que ahora está, y el que estará por siempre, por el resto de los tiempos, pues del tiempo soy el padre y el hijo, e hilé la tela del Cronos e hice un calendario sobre las estrellas del universo; soy el que posee todo lo que la vista permite tocar, y lo que no; el que reina sobre la tierra que emerge del agua, y de lo que posa sobre el agua, y lo que yace y nada bajo ésta; soy el que da la vida y el que la quita. Puedo decir lo que digo pues soy el Alpha y el Omega.
Puedo decir lo que digo pues soy el que cuida y protege; soy al que pertenece el cielo sobre sus cabezas y las piedras bajo sus pies, el que denota soberanía y presencia en todo.

Puedo decir lo que digo pues dibujé el panteón y el ordenamiento galáctico; soy el alma de dioses, soy la espina del Todo.


Soy el que es porque seré, y así también fui; soy el que está porque estuve, y siendo así, por siempre, estaré. Estoy porque debo ser, de los grandes y de los pequeños, el sable que roza su filo en la inconsciencia; soy porque no pueden ser solos.


Y vosotros, ¡vosotros no sois!. Vosotros sólo estáis pues necesito de una comarca. Del reino del cosmos emergen tierras grandes para todos los grandes dioses, y vuestra tierra es la que a mi hicieron pertenecerme.


Puedo decir lo que digo pues soy todo lo que vosotros no queréis ser, lo que os da miedo, lo que os aterra en el alba de cada día - y luego obliga a protegeros de lo de afuera - y lo que os sume en depresión al comienzo de la risa de la noche - y vosotros escondidos en sus guaridas.


Soy un dios ahora y seré los dioses que queráis en el infinito del tiempo. Y no me corromperé, porque tuve mil nombres en los tiempos de vuestros abuelos, y mil otros nombres también acompañáronme en éste y los otros cielos. Puedo decir lo que digo pues no temo ni de mi de de sus demás miedos.

sábado, 23 de junio de 2012

desagrado "el" hombre; o cómo volvióse perverso convivir con "él"

"Vuelvo más avaro, más ambicioso, más sensual, aún más cruel y más inhumano, porque estuve entre los hombres." Séneca




Como cuestión primigenia, de la arista más reflexiva del hombre, desde el hombre original hasta el último; el primitivo se cuestionó los símbolos y el contemporáneo algunas frases, ¿Es acaso el hombre causa y efecto? Por ser acto cometido, y en resolución su error, ¿la humanidad se ha vuelto, en búsqueda de la gracia, su propia desgracia?
Porque quiso deshacerse de responsabilidades creó la composición teológica universal, primero, y luego asióle la verdad de todo lo in-verdadero, las respuestas que no podían pronto responderse; porque primero supuso arrancarse del deber para ahogarse en la sumisión y asumióse como esclavo imberbe ante cualquier proclamación de vida, de espíritu, se vio adscrito a sufragios preestablecidos en rocas y sangre; porque fue dios y ciervo, ¿es el hombre fruto podrido de un árbol que no da sombra? Porque si quiere ser cubierto no cubre, porque si quiere echar raíces corrompe y corrómpese.
Entonces el hombre vino y se posó, y se presentó amable para morir en vida.
¿Quiso entonces la humanidad inclinarse ante el pavor para temerle al mismo miedo futuro? Pues se piensa en "prevalecer", cuando se está inmolando más de lo que puede mantenerse encendido.
Porque soy hombre entre hombres, puedo ver la vida mía insinuándose ante ellos, y las de ellos empelotando la mía.
Porque soy hombre entre hombres, y me he vuelto combustible como los hombres, y veo a la tierra tirarse bajo los pies con sus lenguas de fuego; y camino con los hombres en las angostas calles circulares, de altas murallas poseídas; porque recorriendo la vida con los dedos encendidos quise despreciar un poco el dolor dejando sobre el cielo las preguntas más difíciles, porque asumí algunos tiempos no eran míos sino de situaciones y entidades de esencia no humana, perdí la vista en la luz, intentando no quemarme los ojos.
Luego el hombre quiso que todos sufrieran con él, y bajó a golpes al que trepaba por las murallas.
Entonces el hombre se dio cuenta que entre tanto fuego ígneo era él el más desechable de todos, y quiso que todo se incinerara con él, aún las cosas que le daban vida. Y regó las tierras y las aguas con combustible, y encendió los fuegos. El hombre quiso entonces que todo muriera con él, pues sabía que cualquier cosa tenía que morir tarde o temprano, porque ya había dejado todas las grandes responsabilidades atrás, y nunca deseó más nada que una propia estancia tranquila. No podía apagar las llamas y quedóse con eso, se conformó con su sufrimiento, pues todo lo demás también sufría, y así se hizo más tranquilo el caminar.
El hombre vio la corrupción en todas partes y se supo corrupto y corrompido; luego se separó de cualquier esperanza y sonrió mirando que todo se consumía, como él.
El hombre nunca dice nada de ésto, pues tampoco habla ni de su genética ni de los colores de la vida, pues todo le parece obvio.



"si he de morir, ha de morir también el oxígeno, pues sin la vida entonces los fuegos en las manos son menos pesados"


Porque viví en el mundo de los hombres los amé. Y por amarlos quemé las voluntades que vagaban en el alma. Hiciéronse cenizas las hojas del libro mientras lo leía, y porque me gustaba su prosa el papel se desvanecía en pequeñas trazas negras. Escuché su música mientras sangrábanme los oídos, todo por saber lo que decían, todo por el conocimiento. Probé el desamor del espíritu entretanto acariciaba las puntiagudas escamas de la criatura humana, y caí en tentación por querer ser más criatura en sus juicios, y olvidé casi todos los buenos conceptos de la buena criatura. Olvidé la línea donde dormían intersectos los principios de la sabiduría con los valores corrompidos del hombre. Y perdí la razón muchas veces.






Ahora con el hombre nos miramos y nos gustamos muy poco. Ahora nos sabemos parte de los mismos sistemas, pero vi lo escrito, y él me necesita más de lo que yo a él. 
Porque fui amoroso con la humanidad me volví causa de cualquiera de sus movimientos, y durante el mismo, efecto insensato de todos y cada uno de los actos.


Aprendió la genética antes de conformarnos que lo que destrúyese como nosotros es querible, y volvimos a amar al unísono la moral y la insanidad. Porque vi al hombre con las mismas palabras entre los dientes es que lo amé.
Entonces viéndolo afilarse los dientes en sus huesos y en los del prójimo habré divisado el desagrado de la convivencia.
Amo al hombre porque él no se ama. Me irrita el hombre porque nos consumimos con el mundo, y entre ambos no nos dejamos ver sobre las sombras de los grandes muros.


(también repelo al hombre porque no me satisface, y encontré pocas y complejas maneras de hacerlo, y al hombre aquellas travesías no lo tiene, sino solo a uno menos "hombre" que cualquier otro, la bestia entre los hombres)


No me apetece el hombre porque soy feliz, y me expío de formas de hombre viejo - un tipo de menos hombre.


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León y yo en el filo de un horizonte infinito, corriendo y corriendo sin descanso, evitando que se nos escape el sol.