lunes, 22 de junio de 2009

Laureas Fatalis

Esta noche no te pongas ese vestido
Son decenas los brazos que vienen por ti esta noche
Todos te desean esta noche
De nuevo
Y te miro desde una butaca mas no te siento
Has de ser deseo de muchos ojos en esta oscuridad
El sueño del hombre cuando se ponga la luna sobre ti
Esta noche no digas lo que me has dicho

Y te ves cansada, tanto más que otros ocasos
Negros son los pliegues en tu vestido
Negra la luz que te aguarda en el escenario, negra tú
Son demasiados los besos que hoy quieren golpearte

Hoy serán todos tus herederos moribundos
Hijos de tu prostitución, vástagos del fuego que cargas
Y se vienen fuertes las luces sobre tu cara
Mas esta noche no dirás lo que me has dicho

En el primer alba del resto de tu vida
Serás la más bonita canción que alguien pudiese cantar
Serás el campo perfecto, flor de flores, luz de colores
Serás la hija de la calle más brillante de Madrid
Y tus reflejos serán los caminos de los demás
Se ponen los horizontes de los hombres bajo tu espalda
Y tu pecho llama a besarlo, a besarlo fuerte
Todo te quiere, tú alucinas a todo

Pero esta noche no te pondrás ese vestido
Esta noche tu calor será el verdugo de mi soledad
Mi amor perfecto, la brisa tenue de la envidia
Aunque esta noche la muerte de mí se ría

Eres mía porque te amo
Te pertenezco porque me amas
Cada cosa que digo sobre ti es verdad
Todo lo que dices es perfecto

Siento los gritos del pueblo en mi espalda
Me sangran las ropas, me escupen estos idiotas
Escucho susurrando a quienes hoy han decidido darme fin
Pero me amas por la eternidad, y yo te amo por la eternidad

Aleatorias palabras; danzas, escenario

TOMA 2

A causa de un descanso eterno
Me llueven a los pies miles de preguntas
De miles de ojos chillones
“¿Has de morir ahora por enésima última vez?”

Y yo grito
“¡Saltad al precipicio!”
Mientras esquilo
Las oraciones sucias de monos suertudos
Fríos pasajeros de mi barco
En las nauseas de la fresca niebla
Que coge entre sus dedos las sátiras terrenales
Por los duendes poseídas, hijas del desorden
Del promiscuo desorden
Sátiras binarias y cojas
Torpes estrofas de una canción fugaz,
A los párpados sus golpes dirígense
Devolviendo mi grito sin piedad.

¡Volved al estrado torpe demonio de cola rota!
Que ya tu menuda rabia a nadie asombra.

Y vosotros reclamáis
“Véanse ahora y no en otra hora los años del individuo”
Mientras tropezáis
Con lo que alguna vez plantasteis
¡Maldición! En la pocilga de papel
Todos se erigen
Mas no tengo ni trono ni verdad.

Y noventa naves cóncavas negras
Navegan entre las mentiras adosadas en mis pies
No trazan tranquilos los vientos
No pueden, se curvan sus avenidas
Mis piernas detienen los helados gemidos de las velas
Y ese demonio aún no vuelve

Y yo grito
“¡Maldición!”
Ya el de pelo blanco recita mi última bondad
Y yo tan solo perdido, en el mar de los mares
Sin trono ni pan

lunes, 8 de junio de 2009

goteo

Sírvase usted mi señora de mi salvajismo
para pronunciar pausada esa tonada colérica de tantos oídos ya hecha
de tantas veces ya repetida y acribillada
señora, usted y su tonada y su risa.

Y el piso solloza sobre su madera
ya de su limpieza nada queda, mi indecencia observa
rengueando por la humedad de mis fatalidades
y mirándome hacia arria, y yo no lo miro a él.

Yo ya no veo, no miro, sólo escucho
y necesades.

Mientras desaparecen entre los bosques y la cordillera
las aguas eternas, un brillante lago en el sur
el mío renace tormentoso e imprudente
sobre las cenizas que juré estaban por estos tiempos apagadas.

Y continúa el alba apareciendo mojada
bajo el ritmo que olvidé y se ha vuelto a escuchar
el goteo insistente de los traumas espontáneos
el nuevo charco idiota evitable que aún no murió.

Preso de los problemas a luces rojas publicados
yo, ciego, apunto los ojos hacia el horizonte vermellón
y el sol me enmudece, el frío sosiego de una tarde infértil
mas se mofa el agua por todo lo que aún no puedo controlar.

Caen una tras una, una sobre otra
las gotas de la irresponsabilidad.

Torpe cuervo de diurno vuelo
Flojo lobo que no puede cazar
Y bajo el dintel de mi arco podrido
aún ese León poderoso no quiere despertar.