jueves, 20 de noviembre de 2014

Sol de sábado y domingo

Mis pecados: "oh, dulce mía, que me tienes desde el primer día. Tú mi vida, toda mi vida, oh! he pecado en el absoluto silencio, y hete ahí en el cielo, vigilante, centinela de todos mis errores". Vida mía, sublime pasión que salta de fuegos en fuegos, entre rocas, como chispas de eléctrica lava. Vida mía, y mi hijo a nuestro lado, emocionalmente torpes. "Oh! preciada mía, que ahora no me perteneces entera sino también al que llaman mi vástago, al joven ése de clara sesera, infantil hasta el tope de la razón. Inconsciente y desintensionado. Rapaz." Hube de tenerte bajo siete llaves, mas la trama de un velo alegre corriendo en el radio de mi vista me entorpece la razón, y te entrego entera. Él susurra sus apologías al caos y yo te entrego. Él terrorista, él pidiendo la vida que fue mía. Y yo me entrego al mar y a la tierra, en ahogo, en sofoco. Soy quien tuve, pero siempre abrazaré, la vida hermosa que fuiste, y ahora de él, robada en mil emociones. Apaciguado bajo la sombra de un sol acabado, planeo ser ahora yo el vigilante.

Tú, mi Sol: Eterno, completamente recio. Aunque veles al mundo alterado, suprimes el tufo de toda decadencia ¿O es acaso fútil reaccionar ante toda otra existencia que no te tiene? Mancebo, con suerte te mira el desdichado. Padre de crío plástico, pues tu vida merece una diagramación, y te encuentras derivando en todos tus deltas la inmensa pasión que tienes. Trapos y más trapos se te tejen, y en cuanto crece tu hambre, la misma fascinación del espectador escondido te delata apuntando hacia el otro lado del mundo, dejándote desnudo. Tú, primigenio gran canciller, que vienes y vas mientras la vida te denota una tras otra las aventuras de tiempo. Te vuelves uno con el paso de tu tiempo, te aferras a tu realidad temporal, y me recueces en delirio pero me traes otras ves tras el paño de tu apego. Te amo. Te amé la otra vida y te amo en esta. Pálido menguante, ¿pusiste tú la risa o fui yo haciéndote cosquillas? Pálido yo, y entre las manos cruzadas, mil cadenas de energía sobre nosotros. Te amo porque no sé qué más hacer contigo.

martes, 18 de noviembre de 2014

moneda

Soy la fuerza de siete vidas, una densa ráfaga de luz.
Una perdición súbita, "La Muerte" también me llaman. Pero no soy la muerte.
Hoy cené en el funeral de tres individuos, tres hombres que murieron bajo el halo de mi mirada.
Tres hombres que murieron mirándome a los ojos.
Tres hombres que murieron sonriendo.

      En un derrumbe bajo nubes
vi caer un trozo de cielo    ,     ayer
mientras desaparecía el sol                en el cielo
ayer, mientras el cielo se llenaba        de oscuridad
       Ahora es el tiempo de la desdicha
que escurre desde mis dedos   ,
la sangre de varios espera
por llenar mi copa        impermeable placer

      En este momento , mi amor
platico con el último de los desdichados
dejando un mensaje en su cabeza
de voluntad ultrajada.
Mi amor
que revuelas lento sobre mi corona
ven y hazme la última danza
que hoy el nocturno hábito será magnífico.

  Soy rey y reina
campeón del mundo
maestro del equilibrio humano
controlador de almas.
Soy quien pisa la tierra
y separa a los humanos del resto de las bestias.

   Ayer pude gestar la vida que cargo, pero la criatura nació corriendo, pues nació de la furia de un parto miserable. Puedo crear la vida que camina sobre el planeta y lo destruye, y no me importa. Estuve a cargo de sentimientos ajenos, raros aparatos intangibles de patética depresión, humos, destellos de amor y odio, cólera; los tuve y los guardé en el morral que cargo siempre, pero pesan, y entonces tuve que deshacerme de los rastrojos para cosechar sentimientos nuevos de nuevos espíritus. Soy quien manipula la hoz de tus defectos y virtudes, quien controla tus nervios desde los hilos. Soy quien te calienta el pecho cuando no puedes ser feliz.

Soy la moneda de cambio entre el hombre y el karma.

lunes, 17 de noviembre de 2014

mañana de fin de semana

Una escena mínima, terrible. Un golpe seco cayendo desde el techo.
No es tan arriba, es tu brazo batiéndose fuerte, eres tú saltando. Eres tú desde el otro lado de la luz.

¿Final anticipado?
¿Eso te escuché susurrar?

Hay una ampolleta colgando bajo una gruesa cortina de metal curvo, una construcción miserable pero efectiva. El haz te muestra como la delicada criatura que eres, frágil y perpendicular. El trozo de papel que rompe la horizontalidad de tu anaquel flotante parece buscarte, está paralelo a ti. Son como un número en conjunto, te miro desde el otro lado de la luz y sólo parece que veo eso.

No me digas eso otra vez. No me hagas repetir eso desde el otro lado de la luz.

Abres la llave y miras como la gravedad dibuja esa desordenada línea de agua. ¿Porqué la analizas? ¿Porqué te quedas mirándola? Es sólo agua, y las gotas rebotan sobre la loza percudida y sucia, no hay magia. Ahora miro lo mismo que tú y te pierdo de vista.

Levantas la cabeza mientras te acercas las manos a la cara como pequeños barriles húmedos. Tus nervios te delatan, tus brazos se sacuden nerviosos, los dedos llegan secos al rostro. ¿Te parece bien?

¿Nunca más?
¿Eso te escuché susurrar?

Escuchas aves que no existen, sacudes los pies y de ellos salen colores que nunca estuvieron. Tu temblorosa cabeza la veo perfectamente. Hay dos luces tenues en tus ojos, también en los míos. Estos brillos lucen como moscas agonizantes que no tienen centro de gravedad, cuyas alas parecen volverse cera caliente. Que asco.

Bueno, parece que hace efecto el café. No te quiero volver a ver otra vez hoy.
Te sacudes, me sacudo, despertamos definitivamente.

Debo partir a cumplir las formalidades del ser humano. Cada vez te ves peor trazado en el espejo.