Tú, mi Sol: Eterno, completamente recio. Aunque veles al mundo alterado, suprimes el tufo de toda decadencia ¿O es acaso fútil reaccionar ante toda otra existencia que no te tiene? Mancebo, con suerte te mira el desdichado. Padre de crío plástico, pues tu vida merece una diagramación, y te encuentras derivando en todos tus deltas la inmensa pasión que tienes. Trapos y más trapos se te tejen, y en cuanto crece tu hambre, la misma fascinación del espectador escondido te delata apuntando hacia el otro lado del mundo, dejándote desnudo. Tú, primigenio gran canciller, que vienes y vas mientras la vida te denota una tras otra las aventuras de tiempo. Te vuelves uno con el paso de tu tiempo, te aferras a tu realidad temporal, y me recueces en delirio pero me traes otras ves tras el paño de tu apego. Te amo. Te amé la otra vida y te amo en esta. Pálido menguante, ¿pusiste tú la risa o fui yo haciéndote cosquillas? Pálido yo, y entre las manos cruzadas, mil cadenas de energía sobre nosotros. Te amo porque no sé qué más hacer contigo.
“Quien comprenda que la vida es una gris muralla y que todos nosotros tenemos las manos manchadas con colores, vivirá y vivirá bien”. “Cuando por pan se violenta, se conocen a los famélicos cobardes. Las heridas sanan, una continuidad conformista corroe para siempre”.
jueves, 20 de noviembre de 2014
Sol de sábado y domingo
Mis pecados: "oh, dulce mía, que me tienes desde el primer día. Tú mi vida, toda mi vida, oh! he pecado en el absoluto silencio, y hete ahí en el cielo, vigilante, centinela de todos mis errores". Vida mía, sublime pasión que salta de fuegos en fuegos, entre rocas, como chispas de eléctrica lava. Vida mía, y mi hijo a nuestro lado, emocionalmente torpes. "Oh! preciada mía, que ahora no me perteneces entera sino también al que llaman mi vástago, al joven ése de clara sesera, infantil hasta el tope de la razón. Inconsciente y desintensionado. Rapaz." Hube de tenerte bajo siete llaves, mas la trama de un velo alegre corriendo en el radio de mi vista me entorpece la razón, y te entrego entera. Él susurra sus apologías al caos y yo te entrego. Él terrorista, él pidiendo la vida que fue mía. Y yo me entrego al mar y a la tierra, en ahogo, en sofoco. Soy quien tuve, pero siempre abrazaré, la vida hermosa que fuiste, y ahora de él, robada en mil emociones. Apaciguado bajo la sombra de un sol acabado, planeo ser ahora yo el vigilante.
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