Dijiste alguna vez me querías, pues tus manos estaban dibujadas sobre las mías
mas ahora no te escucho cerca, sino remotos son todas tus voces
y tus cariños absurdos, y tu ánimo relajador
¿acaso mentiste, calculaste? Cuando por palabras tus verdades no pudieron
decir lo que realmente debías decir
pero sólo dijiste lo que podías
y te perdiste
en mi ebria perdición.
Y heme acá solo
sin ti ni tus palabras ordinarias
tu común estancia alejada
de la mía complicada y casi muerta
Dijiste muchas veces estabas porque yo estaba, y que hacías lo que nuestra sangre susurraba
pues nuestra sangre es la misma, pues tus ojos son los ojos míos
y todas las cosas que me definen, eran las cosas que gracias a ti tengo
¿acaso tus mañas debía yo asumir? Cuando ya no veía tu rastro seco en mi vida
y me metía idiota en la boca gigante
del animal que nunca quisiste matar
y te liquidaste
en tu eterno problema, en tu pena eónica.
Y solo me dejaste
y yo acá perdido
sin una imaginación constante
sino un alma en desgaste
de criatura de poca vida
de corrosión cruda concebida
miserable
con tus ojos aún puestos en mis cuencas
con mi sangre aún la tuya
aborreciendo torpe
lo que quise no vomitar con mis frases jamás
Y siendo no todos ustedes los enjuiciados
mi ira a los altos no toca
pues su transmutación ajena a mi malestar está
y su lema de vida, es siempre el mío
aún mientras ellos mueran, y yo con ellos
porque soy su sangre limpia, y
siendo el hijo que siempre ver quisieron
alto en la senda de los hechos
que nada conocen de bondad, ni de maldad
me regocijo amplio en sus amores
me abrazo en su sincera emoción
que fresco todavía recibo
que aún desalmado e ido, mucho estimo
Y cuando la noche apague la masacre
no habrá sangre que no se confunda con el sudor
y mi cansancio será invisible
y la oscuridad de la muerte será también la del sol
Y nos regocijaremos de la miserable vida que nos permitieron
sólo por que podemos, pues muertos no estamos
y cuando arribe el nuevo alba a nuestras manos
sembraremos la tierra con los cuerpos de todos sus muertos
¿Porqué los dioses nos han de regalar el consuelo?
Si no hay palabras lindas en el último respiro
si no hay tiempo de desesperar luego
que la hoja camine por nuestro cuello
y los ojos ya claro no vean
y lo que por nuestras venas corrió la vida entera
ahora descansa inerte y floja por el frío suelo
que amable los dioses dispusieron bajos nuestros pies
irónicos
lejanos, ajenos.
Mas fuiste tú mi sangre
y lo eres incluso ahora cuando sigo viviendo el calvario
que no conoces
y lo serás, pues la muerte aún no me invita
a su paseo negro de la última vez
a vivir la no vida
el momento decidor
la conclusión, el fogón de mis hechos
a morir, y dejar el lugar y el tiempo
en los que tú no estás
Y el meneo de mi cuerpo es inquieto
no uniforme, pues no es tampoco uniforme la embriaguez
de los momentos que prometen a ti olvidarte
de las mentiras que por ti así