domingo, 9 de agosto de 2015

Declaración primera

     Sólido como metal diamantado, hete ahí firme en una estancia flexible, incómoda. Riéndote, nos dices que las dádivas que impusimos en tu frente son sólo los restos de redención que pretendemos paguen las culpas de todos los infiernos que merecemos.

- Una traza melancólica - la última que dije habría - es la que veo y que quiero eliminar. Me repites, pausa tras pausa, que la vida que quieres es más simple, y me aborrezco por las tantas veces que planteé nuevos dilemas.

     Cambias la textura del universo, como si el cosmos fuera el mantel blanco que quieres diagramar en líneas imperfectas. Vas y vienes de lado a lado, corriendo, y me buscas con esa mirada jovial que tienes siempre. A veces lloras por la irregularidad, por los despelotes, por la eterna y mal habida conjugación de términos que tú nunca elegiste. Yo romperé ese contrato, lo prometo, aunque no bajo el sol de hoy.

- Hijo, las llagas de tus ancestros no cicatrizarán en tus manos. La débil profecía que te han enseñado no es más que disparates tejidos en papeles mojados, insoluble, despreciable y corrupta.

     Hoy vi la vida tendida en el dintel del primer pórtico del Hades. Un manto manchado y perforado irregularmente, la acumulación perenne de tragedias animales. Como si millones de avispas negras hubieran tomado posesión del plano y entre pliegues se alimentaron de lo que macabro iba sucediendo, minuto tras minuto, desde el primer día en que dispuse la razón como material de obra hasta este mismo instante.

- Hijo, no soy un ser de luz.

     El brillo del fuego se cuela entre piedras calcinadas. Un constante temblor rítmico mantiene el desfase de las placas en el suelo, mientras la inclinación me obliga a avanzar en línea recta hacia la llamarada presentada.

     Pero te amo más allá del instinto, y con eso reconforto mi mirada. El complejo escenario patibulario se va reduciendo al espacio entre dos átomos, porque sé que tú también me amas. Sigo caminando con los pies reduciéndose lentamente a cenizas, en la perpetuidad, pero seré eterno en ti pues me tienes tomado de la mano pese a que no pueda verte la sombra.

- Aunque no estoy contigo en los días de fiesta, aunque siempre la celebración tuya esté lejos de la mía, la figura etérea que me has ayudado a esculpir estos pocos años, esa que representa tu magia más allá de la existencia terrenal, la cargo perfectamente alineada sobre un giroscopio hecho de estrellas, entre los dedos y el corazón.

sábado, 8 de agosto de 2015

Últimos gramos

Hiperelectrocutado
Poseído
Bien ido
Tras una cortina
De trece explosivas flores cobrizas
Tejidas por diosas entre vidas y reencarnaciones varias
Las meninas sexuales de sueños activos en la médula mortal de cada día

La geometría de esta habitación comienza a desfigurarse en un vórtice rosa metálico
Se cruzan materiales sintéticos en la cuarta dimensión
El techo blanco acá abajo
El suelo arriba
Yo inmóvil
Silencioso
Perseguido

martes, 28 de julio de 2015

flor

Hubo una vez un hombre
. en la vida que ahora vivo ,
que quiso conquistarme dándome una rosa
con etiqueta para otra mujer

"Que'l susurro que se cuela entre pétalos
llame al parlante alivio tuyo
calme el sollozo
te trague la tristeza de la garganta"

Hubo obviamente otra mujer
antes de mí en esa rosa ,
mas la rosa la veo fresca y álgida
en este último verano

"Corté la flor desde su pasado
para alimentar un alma
como regalía del hombre a una mujer
por el bienestar de su presencia"

Hubo una vez ese hombre
aquel tosco varón cansino
que me acompaño entonces mil veladas
de millones que tiene la vida

"Hay un pétalo por alma
en esta rosa ,
pero no son otras sino la tuya
la que ahora me llena la mirada"

La rabia de una observación mezquina
se diluyó rauda entre siete besos
             y la comunión
de dos cuerpos desnudos.

jueves, 22 de enero de 2015

vejez

"Yo, tres universos en colisión, un humo blanquecino constante. Cana estepa se estira a megamillones de años luz bajos mis pies, y yo floto."
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He acá el relato monótono y desprolijo (pues lo alimento con recuerdos sueltos de una memoria vieja y desatendida) de un hombre que conocí hace ya varios años, en el cruce de dos calles cuyos nombres no recuerdo, cerca de un muelle avejentado en los colores y la luz, empotrado en un rincón tosco de la zona portuaria donde habitan insomnes, paganos y muertos. También es un relato breve, porque no me sobran los dedos y la taquicardia me tiene impaciente y abrumado. Las pulsaciones me acarrean de un lado a otro, como yendo sobre carruaje en despeñadero.
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"Intrépido y perdido sobre mi estela, el tiempo viene tomando el aire que dejé detrás. La luz se mueve en partículas visibles, los colores se van creando entre pestañeos. Una ráfaga enorme atraviesa el cosmos y veo como novas y supernovas transmiten la energía de la vida, y de la muerte. Yo floto."
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Recuerdo haberlo visto por última vez en la penumbra de un viñedo en el valle de Aconcagua. Estaba perdido bajo una cubierta de hojas muertas, pues era oscuro como la tierra. Su tes no tenía sombras, era de un café opaco, sin grietas, pero no sé cómo denotaba explícitamente toda la edad que cargaba. Sus ojos parecían pesados todo el tiempo, estaban casi cerrados todo el tiempo. Ese día, por un segundo, pasó lento detrás de un tronco quebradizo; en ese momento, un esqueleto verdoso de lo que fue un racimo de uvas dibujó con sus nervios todos los rastros oscuros del rostro suyo. Las pasas moradas y podridas eran perfectas figuraciones de sus característicos párpados. No tenía pestañas. Sus cejas eran tupidas o no, nunca lo supe, el color de todos los elementos de su rostro era el mismo, y no había ni brillos ni relieves significativos. Esa vez eran cerca de las 9.30 de la tarde, aún nos quemaba la cabeza el sol. Cargábamos unas chaquetas gruesas bajo los brazos. El metaclima de la zona centro no perdona ni a los poderosos.
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"Poso mis manos sobre la membrana de un cielo, veo la vida orgánica emerger del líquido que cubre la redondez de la primera capa corpórea de este cuerpo mineral enorme.
   Soy el negro que cae sobre el día, soy el que se posa sobre las nubes con este degradado temporal. 
    Veo girar estrellas de infinitos hacia infinitos en contornos perpetuos, en giros luminosos, en espirales perfectas. El polvo estelar circula indivisible por el cosmos y yo veo de a uno todos sus átomos. Yo floto."
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La noche se ponía desafiante sobre el dintel del horizonte y nosotros nos hacíamos los desentendidos. Tomábamos café de ese que se toma con el sol naciente de la mañana, no con el que viene desfalleciendo, pero a él parecía no importarle y yo debía seguir el juego. Si descuidaba el vínculo, todo lo desarrollado se desvanecería en cenizas, como una pieza de dominó cayendo hacia el lado. Necesitaba de un fragmento más de historia y él portaba todos los pasajes que requería mi empresa.
       Nos sentamos junto a una sombra cónica, graciosa. Creo que provenía de alguna ornamentación neumática antigua de la bodega que estaba a 20 metros, no miré para asegurar la fuente pues perdería su atención, sólo puedo asegurar que oscilaba en perfecto método, aún con el recio viento que azota las tardesnoches de la zona. Nombro con detalle la sombra, pues fue donde él puso la vista para relatar lo que relató.
   En otro instante, abrió los ojos todo lo que pudo. Al segundo siguiente comenzó a hablar. Estático, ocupé todo el espacio que el sillón de mimbre me permitió. Caí sobre la superficie como un bulto líquido, pero con una tensión casi paralítica en los músculos. Sólo escuchaba, creo haber perdido por una noción de tiempo inconmensurable el resto de los sentidos.
    No fue por nada mágico, fue puro asombro. Parecía estar escuchando hablar al viento.
      Este tipo estaba loco, pero pude llenar de inspiración el pequeño cuadernito que cargaba bajo el brazo.
  Le pagué casi dos lucas en recuerdos que no me llevé, sólo tomé la botella por instinto. Me llevé un poco de su vino para mi camino de vuelta.
      Cuando comenzó la madrugada, sentí que pude apreciar el movimiento celeste con un lente que nunca nadie pudo imaginar. Un visor etéreo, efímero, pues olvidé toda esa capacidad la mañana que prosiguió.
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"He asido la primera rama de la primera raíz, y preparé la eterna estancia. Soy de fuego y soy de agua, soy los senderos que cruzan toda la tierra y soy las ráfagas que dibujan los trazos en el cielo.
Ahora me quedo viviendo entre los detalles, me mantengo en la figura matemática, seré sustancia tangible, me dejaré conformar por los átomos que conforman todo lo demás. Haré de ésta mi morada por los eones que sobrevivirán.
Miraré a mi creación desde cerca, seré la fruta que alimentará la vida."