Sólido como metal diamantado, hete ahí firme en una estancia flexible, incómoda. Riéndote, nos dices que las dádivas que impusimos en tu frente son sólo los restos de redención que pretendemos paguen las culpas de todos los infiernos que merecemos.
- Una traza melancólica - la última que dije habría - es la que veo y que quiero eliminar. Me repites, pausa tras pausa, que la vida que quieres es más simple, y me aborrezco por las tantas veces que planteé nuevos dilemas.
Cambias la textura del universo, como si el cosmos fuera el mantel blanco que quieres diagramar en líneas imperfectas. Vas y vienes de lado a lado, corriendo, y me buscas con esa mirada jovial que tienes siempre. A veces lloras por la irregularidad, por los despelotes, por la eterna y mal habida conjugación de términos que tú nunca elegiste. Yo romperé ese contrato, lo prometo, aunque no bajo el sol de hoy.
- Hijo, las llagas de tus ancestros no cicatrizarán en tus manos. La débil profecía que te han enseñado no es más que disparates tejidos en papeles mojados, insoluble, despreciable y corrupta.
Hoy vi la vida tendida en el dintel del primer pórtico del Hades. Un manto manchado y perforado irregularmente, la acumulación perenne de tragedias animales. Como si millones de avispas negras hubieran tomado posesión del plano y entre pliegues se alimentaron de lo que macabro iba sucediendo, minuto tras minuto, desde el primer día en que dispuse la razón como material de obra hasta este mismo instante.
- Hijo, no soy un ser de luz.
El brillo del fuego se cuela entre piedras calcinadas. Un constante temblor rítmico mantiene el desfase de las placas en el suelo, mientras la inclinación me obliga a avanzar en línea recta hacia la llamarada presentada.
Pero te amo más allá del instinto, y con eso reconforto mi mirada. El complejo escenario patibulario se va reduciendo al espacio entre dos átomos, porque sé que tú también me amas. Sigo caminando con los pies reduciéndose lentamente a cenizas, en la perpetuidad, pero seré eterno en ti pues me tienes tomado de la mano pese a que no pueda verte la sombra.
- Aunque no estoy contigo en los días de fiesta, aunque siempre la celebración tuya esté lejos de la mía, la figura etérea que me has ayudado a esculpir estos pocos años, esa que representa tu magia más allá de la existencia terrenal, la cargo perfectamente alineada sobre un giroscopio hecho de estrellas, entre los dedos y el corazón.
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