viernes, 27 de marzo de 2009

matarche

Una seña y un saludo con aroma a adiós. Un brindis por una fastuosa despedida de todo lo que fue y será. El invisible lienzo entre tus brazos sollozando un armaguedón para esta noche.
Tu voz cruzando el aire que nunca he de respirar.

Y me miras en una foto y ríes.
Ríes como prólogo de tu fábula de chocolate y sal, ríes para crear una almohada donde llorar.
Y lloras sobre la foto donde me viste, esa que me robó el alma esa vez, esa y no otra.
Y yo lloro sin saber que hacer.

Un movimiento de manos y un beso sin tocarme, una caricia con aroma a adiós.
La fiesta de todos los muertos que hemos de dejar atrás. La muerte tuya y la muerte mía, muertes de pasajes instantáneos y pestañeos fatuos, el insípido deceso de todo lo que no alcanzaremos a construir.
Tu belleza corriendo sobre mi cuerpo aletargado, mi agonizante bolsa de todo lo que en mis somáticos años he logrado destruir.

Y te elevas y me cansas.
Y un par de luces apagadas me dictan que no hacer, las órdenes desordenadas del silencio oscuro de esta habitación.
Y sangro por todos los recodos que alguna vez te tocaron, arrastrando mi voz en el helado suelo que dejó tu caminar, los pasos absurdos de tus pies descalzos gritándome que ya nada puedo redimirte. La última nota de aquella canción de horror.

Un suspiro y un adiós con aroma a nunca jamás.
Tu nombre clavado en mis cuencas, tu halo perdido en el mar.
Tu legado de fuego en mi espalda. Tus brazos adoloridos, mis brazos adoloridos.
Tú en ese reflejo. Yo y el yo de otros momentos.

viernes, 13 de marzo de 2009

peorización de lo desmejorado

No puedo evitar pestañear cada vez que siento ese viento de nuevo golpear mi rostro. Es un hálito hediendo y antiguo, de tiempos que he de querer olvidar, pero que se alzan cada vez que un poco de aire limpio entra en mi cabeza. Son las sobras inmortales de todos los momentos que quedaron en sangre tatuados en mi corazón y espalda.
Es el recuerdo de que todo está mal.
Es la respuesta de todas las preguntas a cara triste gritadas en mi silencio, la respuesta a cada cuestión que he de desear evitar.
Es el simio amarrado en mi árbol, muy arriba de todo lo que puedo alcanzar.
La hiena trás esa pared de cristal.
Tú, yo y todos los demás.
La mierda que ningún agua se llevará, nunca.
Nunca.
Y míralos a todos ahí, en sus esquinas riendo por su paz.
Y míralos a todos allá, en sus lugares comiendo por su tranquilidad.
Y mírame aquí, soportando lo que te juro no podré soportar.
Una ida es una buena opción siempre, pero hay veces que la vuelta, aunque siniestra y deprimente, conciza mejor las maldades y suprime casi totalmente lo que con espadas punsa en mi conciensa. Arrancar es no tan bueno, pero el blanco y negro no es una escala de un sentido, y eso me tiene menos intranquilo.
Y ahora veme donde tú quieras, pero lo más seguro es que ahí no he de estar.

lunes, 9 de marzo de 2009

caLampangue

Y se hace día la noche
entorpeciendo lo que todos los sueños gritaron
entre mi almohada de algodón y una pluma
tu pluma
retocediendo entre puertas y cubiertas cromadas
lo que hace suspirar las siestas de la madrugada
lo que todos mis sueños gritaron
todo lo que la noche hecha día acribilló.
Y se hace luz la oscuridad
remeciendo lo que quieto mis pies pisaron
entre mi camino de heces y una niebla
tu niebla
serpenteando entre ventanas y sombras iluminadas
lo que hace suspirar los trotes de la claridad
todo lo que mis pies pisaron
cada cosa que la oscuridad hecha luz remeció.
Y desde acá te juro todo se ve como estiercol
granulosas avenidas de resbalar cotidiano
un tramo de mierda flotante
nada ni un tanto elegante
trozos de trozos de cosas trozadas
y una avalancha de incógnitas que nadie ha de ver.
Son las pruebas que no se pueden responder.
Son las escalas que salen desde las nubes al sol.
El cielo bajo mis piés.
Tus ojos.
Todos los muertos que nadie ha de olvidar.
Los zapatos en la farmacia.
Mi conciencia en un diván.
Son las preguntas que nadie hará
y que nadie oirá
y que te juro mi amor nadie responderá.
Los rezos a las estrellas.
Una hoja de papel en el mar.
Mis ideas en su burocracia.
Su burocracia en mis oídos.
Es el todo absurdo de la nada absoluta.
Todo lo que no se sostiene pero flota en el mar
los perros que nunca han de ladrar
mientras la carne han de separar
de su alado camino canino
mientras mueren uno trás otro
los perros que mueren por siempre y hartas veces
los perros no como yo
los perros.
Ay de los perros que viven y nada más!
Ay de cualquier cosa que no tenga esa maldad!
Ay de todo lo que no sea yo!
Ay de mí y de nadie más!
Ay de todo lo que no tenga en su espalda mi espina
espina con espinas entre fuego y cal
un hueso tras otro llorando sin sangre
hemoglobina idiota bajo mis dedos
mientras en el suelo un río vermellón se aleja de mí
rengueando por la calle hacia abajo que he de caminar
que rayando placebos he de caminar
que no queriendo he de caminar.
Ay de quienes no deben caminar!
no conmigo.
Y eso
ya todo está tiezo.
Heme aquí llorando entre sílabas inertes
pero que más da
si al final las palabras son el opio del desalentado
del pobre infeliz bajo la sombra de un árbol que nunca existió.
Te quiero aquí ahora
te quise ayer
te quise desde siempre
te quise desde que me sonreíste
y te quiero mañana también.
Sigo caminando descalzo y ciego
mas el cerro aún duerme ahí.