Y se hace día la noche
entorpeciendo lo que todos los sueños gritaron
entre mi almohada de algodón y una pluma
tu pluma
retocediendo entre puertas y cubiertas cromadas
lo que hace suspirar las siestas de la madrugada
lo que todos mis sueños gritaron
todo lo que la noche hecha día acribilló.
Y se hace luz la oscuridad
remeciendo lo que quieto mis pies pisaron
entre mi camino de heces y una niebla
tu niebla
serpenteando entre ventanas y sombras iluminadas
lo que hace suspirar los trotes de la claridad
todo lo que mis pies pisaron
cada cosa que la oscuridad hecha luz remeció.
Y desde acá te juro todo se ve como estiercol
granulosas avenidas de resbalar cotidiano
un tramo de mierda flotante
nada ni un tanto elegante
trozos de trozos de cosas trozadas
y una avalancha de incógnitas que nadie ha de ver.
Son las pruebas que no se pueden responder.
Son las escalas que salen desde las nubes al sol.
El cielo bajo mis piés.
Tus ojos.
Todos los muertos que nadie ha de olvidar.
Los zapatos en la farmacia.
Mi conciencia en un diván.
Son las preguntas que nadie hará
y que nadie oirá
y que te juro mi amor nadie responderá.
Los rezos a las estrellas.
Una hoja de papel en el mar.
Mis ideas en su burocracia.
Su burocracia en mis oídos.
Es el todo absurdo de la nada absoluta.
Todo lo que no se sostiene pero flota en el mar
los perros que nunca han de ladrar
mientras la carne han de separar
de su alado camino canino
mientras mueren uno trás otro
los perros que mueren por siempre y hartas veces
los perros no como yo
los perros.
Ay de los perros que viven y nada más!
Ay de cualquier cosa que no tenga esa maldad!
Ay de todo lo que no sea yo!
Ay de mí y de nadie más!
Ay de todo lo que no tenga en su espalda mi espina
espina con espinas entre fuego y cal
un hueso tras otro llorando sin sangre
hemoglobina idiota bajo mis dedos
mientras en el suelo un río vermellón se aleja de mí
rengueando por la calle hacia abajo que he de caminar
que rayando placebos he de caminar
que no queriendo he de caminar.
Ay de quienes no deben caminar!
no conmigo.
Y eso
ya todo está tiezo.
Heme aquí llorando entre sílabas inertes
pero que más da
si al final las palabras son el opio del desalentado
del pobre infeliz bajo la sombra de un árbol que nunca existió.
Te quiero aquí ahora
te quise ayer
te quise desde siempre
te quise desde que me sonreíste
y te quiero mañana también.
Sigo caminando descalzo y ciego
mas el cerro aún duerme ahí.
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