"Burn the fire!
and let die your walkiness.
Burn the fire!
and let be free your tears
little person
let it be free
and burn the fire.
...
Tantas rozas cubriendo los eriales
y tú, ahí ciego,
quemando el fuego.
Tantos lirios en las copas
de los árboles
presumiendo bondad,
interrumpiendo el caer de las gotas
de la lluvia
y maldiciendo a las secas hojas
arrugadas y opacas
que, toscas, cubren la tierra
y prometen fecundidad;
aún así, los lirios
ríen de sus relajados parientes
perpetuos y flojos
listos para la muerte
y tú, ahí ciego,
quemando el fuego.
Y nacen los vástagos
desnudos y hambrientos
de amor personal
de brebaje tetario;
nacen estos frutos
sembrados en placer carnal,
pero mueren, igual,
uno por uno,
el tiempo no los perdona
y tú, ahí ciego,
quemando el fuego,
mientras tijeras desmembran
sus suaves miembros
sus débiles torzos
y suenan los huesos
en una sinfonía dantesca
que tú tomas por canción,
tomasla como tema de baile,
y saltas, entusiasmado,
ser humano,
sobre la piel torcida
y la sangre coagulada,
sobre los ojos perdidos
y esa mirada, muerta,
que ya no mira
ni menos llora...
y tú, ahí ciego,
quemando el fuego.
Entonces?
entonces nada.
Sales, la gente muere.
Cantas, la gente muere.
Bailas, la gente muere.
Y comes, de todo,
alimentos y pensamientos,
ideas uniformes,
preceptos de todos los de tu raza,
mientras la gente muere
y tú, ahí ciego,
quemando el fuego.
No te aburres?
...
Y ella cerró sus ojos. Inmediatamente chispeó el volcán, vomitando caballos alados y cierto enjambre de peces fatuos y morados. Vomitó el volcán, furioso, y entre el vino y la sangre caliente, corrían raudo duendes y pastores de dragones, uno tras uno acurrucando sus bolsos de magia y suciedad; corrían en búsqueda del vellocinio de mierda, ese que antes se había emancipado de la copa del árbol en la que había vivido 300 años, o 5, o dos millones, no recuerda el libro, y que había sido comprado por dos monedas de miseria y un rebaño de pobres decadentes hace un par de milenios por don Reli Yi. Y bailaban sobre las nubes de polvo los rinocerontes escamozos, pronunciando con gritos feos lemas de sabiduría y moral, mientras sollozaban las vacas y sus maridos, los cocodrilos rojos, tumbándose entre ellos por no poder subir al puente de magma y ver como morían reptando cada uno de sus terneros. Sollozaban, digo, los rumiantes, esperando ser bañados por la tormenta vermellón que escupía el cielo. Y las personitas tiraban palabras al aire, queriendo llamar a los caballos alados y alejando a los peces morados; tiraban frases que el viento golpeaba y silenciaba, tiraban garabatos al volcán por no inaugurar con ellos el armaguedón, y lloraban leche de sus ojos miopes por no poder romper ni con uñas ni con dientes las grillas de sus pies. Y lloraban, digo, porque sabíanse perdidos, como casi siempre, como casi todo el siempre, siempre. Y empezaban a encallar los caballos, en sus puertos de zargazo y oro, mientras eran abatidos por flechas los peces anarcos, flechas avernales de pasión y placer, prolongadas sutilmente por guerreros invencibles, de armadura brillante, con arco en una mano y fuerza del corazón en la otra. Y caían los peces y los duendes y los pastores, por las mismas flechas, y se calcinaban en el agua fría, brotando de ellos peste no más, y algo de pena. Y se elevaba mágicamente el volcán, y se apañaban las nubes, y la niña abría sus ojos. Ha despertado!, gritaban alegres los guerreros, lastimosos y miedosos los demás. Es hora de ver la lava sobre la rutina, señorita. "
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Mia
1 comentario:
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"Quemas el fuego?
Jajaja! bueno, nada te digo
quema lo que quieras
quema como quieras
pero, un consejo,
sin agua la próxima vez."
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