martes, 5 de abril de 2011

nueva siembra

Y por un simple gesto simpático la furia no se lo llevó. Mientras se colaba el resto de las palabras, mientras no podía nadie más arrancar de la boca gritona y su saliva, mientras pasaba sólo eso y nada más; mientras esto ocurría, se escapaba, sólo por ese gesto simpático. Porque lo miraban y lo querían, pues si sus manos, las de él, sus hombros tocaban, los de ellos, muchos susurros se oían. Y las flores que nunca crecieron, crecían. Tomaba la furia el resto de todos los otros cuerpos, mientras él reía, y ellos intentaban reír. No podían.

Los mantos cayeron sin apuro. El viento era un maullido falso, un movimiento en el aire que nadie vio. Era un momento muerto.

El resultado fue el de siempre; el reciclaje había terminado. La tierra vuelve a tener su materia original sobre la tierra, y rezaron las máquinas por agua. Y agua cayó.

Es el comienzo de una nueva siembra, y todas las máquinas están de nuevo limpias y listas para la acción. La tierra labrada pedía a gritos por su nuevo abono, por abono humano.

Mas él miraba el tablero de mando, y escribía en su libreta las últimas indicaciones para los inertes.

Alguien tiene que apretar los botones.

Y ese sutil beso que no me alcanzaste a dar
cuando quise de tu poder salir
mas tus palabras siempre decían
que a tus raíces yo siempre me asía
pues tu sangre es la mía
y que cualquier garabato dicho
lo dije por ti.

Padre de lo muy morboso
reza porque otra vez te pueda ver

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