Los mantos cayeron sin apuro. El viento era un maullido falso, un movimiento en el aire que nadie vio. Era un momento muerto.
El resultado fue el de siempre; el reciclaje había terminado. La tierra vuelve a tener su materia original sobre la tierra, y rezaron las máquinas por agua. Y agua cayó.
Es el comienzo de una nueva siembra, y todas las máquinas están de nuevo limpias y listas para la acción. La tierra labrada pedía a gritos por su nuevo abono, por abono humano.
Mas él miraba el tablero de mando, y escribía en su libreta las últimas indicaciones para los inertes.
Alguien tiene que apretar los botones.
Y ese sutil beso que no me alcanzaste a dar
cuando quise de tu poder salir
mas tus palabras siempre decían
que a tus raíces yo siempre me asía
pues tu sangre es la mía
y que cualquier garabato dicho
lo dije por ti.
Padre de lo muy morboso
reza porque otra vez te pueda ver
No hay comentarios:
Publicar un comentario