sábado, 11 de mayo de 2013

el sur del hombre y la mujer, y del telar y la madera


Hacia el frío, hacia el sur. como regalo firme e inmortal el Cedro, de la tierra al hombre, aparece abrazando eternamente a la madre; el Pino Oregón y el Raulí, sus brazos enraizados, envolviendo la espalda de la tierra. Esta madre que tienta al hijo a ser en su hogar, natural ágora de pilares y vértebras de madera. Al hombre lo invita, a la mujer. A la señora de mano espiroidal, mujer de dedos efímeros, perdidos entre telares y paciencia. La mujer de labor preciosa, pues con el hilo protege al hombre y su vida, al hijo - de la oscuridad del cielo - y al hogar - de la arrogancia romántica que tiene la lluvia con el viento. 


                     El hombre, cuando hace del frío y del sur su hogar, se vuelve conocedor nativo de su entorno natural, o por necesidad o por placer. Pues existe la fauna endémica, pues existe una flora indescriptible, una hermosa pintura que nunca se detiene, e hija de ella la madera del pino, del raulí, del oregon. Una parentela arbórea que estructuralmente se convierte en la coraza familiar, en el hogar. En pilar y en vértebra.
La mujer es invitada también como creadora, asumiendo en otras dimensiones su indeleble rol. He ahí donde aparece entre trazos de madera su telar, como un manto de hermosura y supervivencia. Tal fruto de gran labor, la tela emerge de la mano como un gran lienzo proyectable hacia toda actividad del varón y la dama del sur. Se vuelve el cobijo de la casa, el abrigo de la habitación, y así infinitamente hasta cubrirlo todo con hilos y la artesanía de la tierra fría más allá del Maule, y que termina descansando en el pie de la Patagonia.

No hay comentarios: