Helo ahí, muriendo, tal último sorbo de la gran copa. Helo ahí, muriendo, al pajarillo, con su cara de estupefacto. Su último rostro, entre pico y pluma, fue el rostro del asombro, ese que esculpe el dios de la sorpresa a todos nosotros por lo menos una vez en esta vida.
// Dormitando he de emerger, como si fuera a batir las alas pero no, no las batiré. Y ahí está todavía esa semilla, escondida y ciega entre gramos y gramos de tierra seca. El suelo seco eterno, la lluvia maldita y vaga, esa petulante diosa que todavía yace en otro lugar.
Entonces he de emerger pero dormitando, así como sin ganas. Me entrego a flotar.
Bueno, me entrometo en la bandada esa por menos de un segundo, como un parpadeo. Fui de ellos mientras pasaron y yo quedé justo acá debajo. Menos de un segundo. Un parpadeo. Uno, dos, tres, cuatro restos de la rama caen sobre la sombra en el suelo, aún es oscuro el campo. Estos pájaros rebeldes, hijos de la entropía y el caos, volando de noche, ¡qué se creen! Yo no vuelo sino con el sol más grande en el día más caluroso.
Divago.
Si veo al sol aparecer desde el otro lado, saltando desde el mar, veré las alas mías abrirse, y emergeré así como dormitando. //
Miel; untándose suave sobre el pasto, como miel a la flor, el cuerpo alimenta la tierra.
Emerge portentosa la semilla del arce, sonriente, pues mira sorprendida la lluvia que baja desde la cordillera.
Un gesto, un beso entre el viento y el agua, un golpe furioso sobre la tierra. Un golpe de vida, cálida voz gimiendo posteridad. Eterno, cósmico, superior. La vida del águila, la del cuervo, la de la serpiente y la del árbol. El agua viene y abraza la terraza de materia, muy esotérica. Un cuerpo muerto se hace parte del acto.
// Aparece el sol y aparecen todos, ¡porqué tienen que gritar mientras dormito!
Yo sólo quiero emerger dormitando. //
Cuando estás tú están también los otros. Si no estás tú, están los otros. Siempre habrá un circuito atómico girando y girando sobre el oscuro infinito.
// Bueno, sugiero al sol levantarme y mantenerme en el aire. Flotar, subir, mantenerme. Dormitando.
Este árbol se seca y no se entristece.
Divago de nuevo. El águila es rauda y cada vez más grande.
Un cuervo a lo lejos. Lejos, pero mirando, como si supiera mágicamente la vida que viviré ahora que comenzaré a flotar. Crédulo.
La misma serpiente de siempre buscando quizás qué. Hoy parece más entusiasta que siempre. Divago.
Aún no floto, aún dormito. Aún no llueve.
Aún nada es como quiero que sea. Piedad por el cosmos, que yo el maestro de ceremonia acabo de enfadarme con él.
El águila ahora es tan grande como puede ser. //
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