miércoles, 1 de octubre de 2008

tercer día



Bueno, más vale tarde que nunca. De nuevo empiezo a trotar por estos lados, escupiendo entre la gente y saltando de vez en cuando hoyos y espejos en el suelo. Heme aquí otra vez, para mi, para El Pablo, este es el lugar de mis dedos, hecho por y para mí, solamente. Nada más, todo lo otro es verso de libros de colores.
Son tantas las cosas que invaden entre la sangre
que los brazos duermen llorando junto a la espalda
sepultando de a una esperanzas de estancias mejores
y reholiendo viejas rozas muertas,
mientras los pies se retuercen
al ritmo de los hiperquinéticos gritos de angustia
y entre la saliva y la sangre y el alcohol
los hombros se encojen, ajenos de todo
para defender suave mi cabeza
de otras arremetidas impestuosas y crueles.
Ahora quiero cerrar los ojos y nadar
entre el barro y las rocas de heces nuevas,
ahora quiero saltar
entre las espinas de dioses florales
y todos los espejos rotos de la maldita salvación.
Yo no tengo salvación.
Ahora voy a tomar mi hoz y mi pala
para salir, obvio, a cosechar.
Juro por mis dioses que será casi todo malo
pero tendré entre mis delicadas cobijas, por siempre,
cada uno de los granos hermozos que crecieron
ahora, antes y siempre,
gracias a ustedes.
Sus frutos me serán almohada, comida e ideas, lo juro
mientras trato de arrancar de las trincheras
y seguir corriendo, como siempre,
entre rifles automáticos y vehículos sin ruedas.
Yo no tengo salvación,
pero si muchas otras cosas mejores,
más placenteras, más ricas,
más holgadas.
Y mientras los topos mueren ciegos de todo
pensaré en como volver a asesinar
y tramaré de a poco mis movimientos
mientras la risa vuelve a mi rostro
e invade, de nuevo, la quieta estancia de todos.
Seré, lo juro Rain, el que prometí.
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chevelle - send the pain below

1 comentario:

el pablo dijo...

hidden track:
"Son penas de un infierno real
las que me tienen así,
así sangrando, así vomitando,
mientras corren en sus patas
veloces, los simios y los teléfonos
pronosticando la muerte de mil cosas
producieno aroma a flores mortuorias
y predicando sobre mi bienestar.
No pueden.
Nadie puede.
Me recojen entre platos de papel
pero el papel no me soporta.
Así es, y será,
mientras viva, por el resto de todo
y lo que quede de saliva en mis labios.
Yo tampoco puedo.
Me pesan las lágrimas ajenas
y duermo sin despertar, nunca.
Estoy metido, sin quererlo,
en la habitación del desaliento."