“…Sea todavía el temor eterno, la fiebre cólume del asotanado, el rigor absoluto de la mayor parte del consenso humano, cuando es por multitud la declaración de un actuar espontáneo. No es ahora “prolijo” sortear la norma nevada, es aún inaceptable acomodar el cuerpo robado al cuerpo sabio e instintivo… ¿no es ahora?
¿Quieres ser otra fatua joya en sus coronas? – ¿no es ahora? –
¿Quieres ser otra cautiva letra más en sus textos? – ¿no es ahora? –
¿Quieres ser otro débil eslabón es su seuda inmortal cadena? – ¿no es ahora? –
¿Quieres comer tan sólo obedeciendo el cómo y cuándo del hambre colectivo? - ¿no es ahora? –
¿Son estas locuciones las que deseas sean tus aforismos?
¿Es todo este ‘Gran Regalo Misericordioso’ todo lo que quieres?
- es tu futuro una llaga que nunca cerrará, y eres tú una nauseabunda y fea bacteria –
____________’Quizás precises de un deletreo más fino y amable, una radiante perfecta declaración del fondo más manso de todo lo que tus ojos rozaron ahora; mas no sabes que acá todo es brutal y poco deferente, fuerte y poco conciente, descuidado, atrevido, medular. No sabes que acá todo es pasión informal, rauda y menuda conjetura sensorial. No sabes que acá camina tranquilo quien es cruel con quien piensa encontrarse con los ángeles del cielo, porque quien quiere encontrarse con otra vida sobre las nubes pide cobardemente ser ultimado; son sus alaridos una constante danza de “la lluvia de la propia sangre”, son sus quejas solamente una mentira hecha sanación; son los hijos de una muerte buscada, mas ratonescamente esquivada. Son las respuestas equivocadas a las preguntas de la vida.
No sabes que acá no leen lo que ustedes rayan. No sabes que allá no entienden lo que nosotros decimos’.
Cuando hubieron los primeros hijos del mundo caminado tan sólo debajo del cielo y tan sólo sobre la tierra, hubieron en ese momento también las primeras cobardías de los primigenios. Cuando todo lo que era natural, primitivo, hermoso y reluciente, instintivo, volvióse un efecto agotador del actuar humano, la marcha cansada del hombre se hizo ya no solamente fruto de una causa pasional, espiritual, puramente engrandecedora, sino un motivo de desligamiento de las propias responsabilidades inherentes del ser; el cansancio de un cuerpo agotado y de pensamientos desgastados no tenía una explicación que naciera del propio actuar. Había que conjugar las respuestas al porqué de las cosas que el hombre no buscaba. El hombre quería rendir, mas no extenuarse. El hombre “deseaba” vivir en el paraíso, mas todavía sin dios, mas todavía sin “crear” a dios. El hombre anhelaba ser de una forma que no entendía, pretendía estar donde no conocía – el paraíso, la perfecta comarca del eterno vivir – quería gozar, caminar, crecer, deslumbrarse, infinitamente, mas se cansaba en cuanto una faena se le ultimaba. Las travesías se hacían cada vez más intensas, pero no de la intensidad aguantable por el cuerpo limpio, por el espíritu; el hombre desfallecía sin saber porqué. El cansancio degenera el actuar, el cansancio deprime el arte noble del hombre, el cansancio crea decadencia, una ser cansado es un mal arquitecto. […] El hombre agotado es el Dios de Dios.”
1 comentario:
tarde paso por estos lares pero aun estoy presente y sigo tus pasos espero que sientas mis vibras positivas desde aqui ya que la moyor parte de mi espiritualidad esta contigo...D.D^2
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