- En cuanto se escondan las luces del sol este día, será el mejor momento para volver a encontrarme con todas esas cosas que se me pierden luego de cada noche, acá -
"No es la primera vez que se oculta entre mis redenciones la poca deferencia que le profeso a mi integridad; pero no hay redención acá, ni redentores, ni placebos nuevos, ni mentiras corporales, sino tan sólo una bala con mi nombre. Y será mi nombre el que estará siempre en esa bala. Y será mi nombre el que se cante mientras se pasee esa bala en el aire que dejé de respirar. Y será mi nombre el que se esfume, el que llore, el que muera, el que se desespere. Y será en ese plomo la última de mis fiestas.
No es la primera vez que pasa todo “lo antes” ahora; no es ésta la depravación de la virginidad de mi decencia. Es otro capítulo más de horrores impronunciables, terribles asuntos de muchas letras que nadie pudo leer, los feos cuentos que nadie quiso contar. Y que nadie quiso escuchar.
No hay valientes bajo el sudor de un rígido revolver con forma de placer.
No hay valientes en las sábanas hediondas de la existencia insana. No los hay en mis tragos más amargos ni en las sustancias que me matan. No los hay tampoco en tus besos, ni en los tuyos, y menos en los tuyos. Ni en tus abrazos, ni en sus abrazos. Tampoco en vuestras piernas, amadas.
No hay redentores en este mundo cruel.
¡Ay de quien ose dirigirse a mí como el autonombrado y circunstancial-mecánico salvador! ¡Ay de ése y su futuro! ¡Ay de la sangre dentro de su cuerpo, y de sus ojos! ¡Ay de su deseo de continuar con su farsa de liberación!
No hay por felicidad las frases que ellos murmuran, ni sus gestos fatuos.
No hay por mejora los santos que son ellos, sino ocultismo, sino dolo.
Nadie salva a nadie.
Y no hay luz adelante sino la que me regalan mis dedos consumidos por el fuego.
Y no hay piedad en el cielo.
Y no hay misericordia, y no la habrá.
…
Aunque me mantiene abrasado todo el tiempo, desconozco el real sentido de lo instintivo que puede ser mi ‘vivir’; sé que mi vivir me sujeta la cabeza para no ahogarla en el pantano, pero no sé qué significa ni qué realmente desea todo el impulso que mueve mi andar, ni tampoco su búsqueda ni sus parámetros, ni tampoco sus causas ni sus efectos, ni nada. No sé “lo que es”, pero si sé “lo que no es”.
No es un buen vivir.
No es, realmente, lo que otros llamarían un vivir.
Técnicamente, no es un vivir. Se acerca más a conceptos un poco menos razonables y un tanto más viscerales, pero no existen raíces muy claras ni acepciones decentes e inteligibles para tal desgracia.
No es, por tanto, parangón de nada.
No es una forma ejemplar de percepción. Las cosas son recibidas de manera inconciente, no hay moral en su filtración, ni eufemismos, ni maquillajes.
No es un modelo condescendiente de emisión. No hay análisis ético en su actuar ni tampoco cortesía hipócrita. Ni deferencia de cualquier tipo, nunca. Ni delicadeza propia, menos social.
No es logro de nada. Tan espontáneo como natural, tan primitivo como sensorial, tan vomitivo como sinsentido, tan nada como cualquier cosa.
No es fuente de nada. No es parte de un proceso de desarrollo ni mucho menos el preámbulo para la creación de grandes obras. Es tan muerto como vivo. Es un ahora, nunca un después. Es la desatención hecha vida.
No es lo que quise fuera, y aunque hiera esto lo que ‘hay’ y lo que ‘habrá’, ni mis lamentos fueron nunca escuchados, ni mis súplicas atendidas, mas ahora acepto este traje de crueles y arrogantes espinas, y lo acicalo, y lo respeto.
No es lo que quise fuera, y aunque hay vías diferentes, prefiero concretar estas brutales empresas a tener que lidiar con sumisas nuevas patrañas. Es cálido el denso aire dentro de esta esfera, mas es repugnable el que se respira por fuera.
No es lo que quise fuera, y si acá es la indecencia gruesa, la moral ínfima, las malas costumbres, el desacato, la insolencia gritona, la depravación, el desperdicio del ser, la degeneración, el hades in terra, es todo esto acá, y helo por siempre a mi lado, acá, y no lejano como las frases que se mintieron, como la bazofia de sus cabezas en sus manos, no remoto como sus futuros muertos, como sus vidas prohibidas, como sus desencantos, no allá como lo que no poseo, y si es de mi redimir el perdón, han de ser las cosas que tengo las raíces que me mantengan por siempre asido al lodo, acá, y no las fatuas alas que se queman cobardes y ligeras al hálito del inconforme, y no los trotes que me impones para vivir con ustedes, y no la manera decadente para ser y estar allá."
Gabriel, monólogo inquieto, Verano 98
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