Oh diosa! serena brisa de cada mañana
que ponéis en la vida el brillo
y por vos los días están
pues por vos vívome unjido
Signado en vuestra ancha
que marca el paso dado
desvanézcome en prisa del juicio
so pena de aflicción mía
desdeñado en el trance
oh! pues si hais de brillar
brilladme frente al rostro
cuando digáis la trova de hoy
Oh! si vuestra rosa confiriese
un pétalo de frescor limpio
a este mi espíritu decaído
serían de vos todas las lunas
de cada noche nueva
traídas por el mío placer
acurrucándolas en vuestro píes
y dadas por un beso en vuestra mejilla
en un vaivén de ternuras propias
suaves, como un perfecto alba con vos en él
Ea! pues he mirado y os vi
en esa cascada donde caía vuestra pureza
desde el cielo a la tierra, aquel lienzo
y postrado en la tierra de Adán sorpréndome
asomando los ojos, y vos en cada gota de lluvia
el brillo que te pertenece, en mis furiosos ojos
zurciendo el nuevo atardecer
y heme ahí, en grande alegría
sostenido por el viento que sopláis
suspendido por vuestro hálito fresco
ido,
consumido,
entero, y presumido.
Tea, la mía diosa
pues madre del Sol sois
y sobre el fulgor que tengo reináis
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