jueves, 6 de octubre de 2011

mirada del hoy

Miro entre el humo, y los alientos
despídense de las bocas como gritos
encolerizados, rizadas púas guturales
como si de vísceras se hiciera la voluntad
de un caudal de sangre hirviendo
brotando raudo de los ojos
de todos y cada uno, del furioso
del vejado, del abusado

Inquiétaseme el pálido enojo
promulgando mi letra cualquier cosa
mas nunca un perdón
pues miserables nos pusieron
vistiendo de ira las avenidas
y nos mantuvieron inclinados
con el fuego fatuo de sus armas,
nunca más sumisos
nunca más despojados

Fácil el recibir la voz
de lenguas azulosas y podridas
declamando en la actitud del guerrero
la desgracia del hombre degenerado.
Pues en su libro no se encuentra
la declaración del hombre nuevo
de voluntades desconocidas
sino una pérfida desalmada codicia
envolviendo la intolerancia con justicia
el crimen con economía demencial
la saturación con ayuda barata
el maltrato con hidalguía

Tu bienestar radica en los huevos de un mono
al que domaste los años de una juventud
al que carcomiste la conciencia y el juego
al que despreciaste, mas le diste limosna
-ese simio que ahora te adora-
pues siente en sus venas tu sangre
mono que mira sus ojos reflejados en los tuyos
pero los tienes de serpiente;
morderás a tus ratas cuando lo necesites
beberás de su sudor desgraciado
y harás fuego de sus huesos
cuando tu estómago viciado quieras hinchar

La revolución se te escapo
viste que te empezaron a escupir fuego
ni detener nada ahora puedes
ni creerte arriba, pues te bajan luego

Perdiéronse las razones justas de las personas que pusieron fe en tus brazos, y te asiste a esa inocente tontería. De ella pudiste conjugar la fechoría del día, premeditando en tus discursos el obrar que maquinaste las decadas pasadas; pues tu halo se hizo putrefacto en el aliento de tiranías anteriores, y eres vástago del delito aunque digas que no.
Te marchaste de cada población cuando viste el llanto, y recién habías llegado cuando divisabas un voto en cada sonrisa. Dejaste al pobre seco luego que le diste la mano, e hiciste colgar en su muralla la mentira de una caminata nueva, esa en donde te siguieron y llegaron a nada; chocaron en el ambiente miserable de siempre, y tú sobre la trinchera, riendo con tu barriga gorda y los bolsillos rebosantes.

Veo entre el humo de mañana
cerrando los ojos y apretando los puños;
obsérvase el fuego sobre tus coronas
y un infierno en la calle, acostado bajo los pies de la gente
procurando la aparición de tu alfa y tu omega
mas sólo verás caer
la justicia de cada furioso
escrita en poesía bajo las suelas de sus zapatos

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