Se destapan las cobijas del sol en mi oscura mañana
Mientras crujen las pieles de todas las demás almas despiertas
Abro mis ojos mas mi alma aún no está abierta
Miro mi torso y la sangre me grita que esto aún no sana.
Levantase el último árbol durmiente de la noche
El rojo de sus ojos pronuncia en secreto lo que todos saben
Y las ánimas de media mañana no quieren de la luz su temor
Ya para sus alas todo alrededor es ardor
No quieren cometer de nuevo en este año el mismo error
Ni su miel ni su licor de veneno tendrán otra vez ese sabor
A rosas negras, a lápidas de algodón
A una uva muerta, a bajo una sombra muerta una canción
Que gritasen los despiertos de ese día
Y todos quienes a ojos cerrados aún se puedan la melodía
De plomo sólido, de cruel horror
De madres muertas, de heridas de matador
De matador de almas corredoras, de matador de vida
De llevador de todo, desde el final a la partida
Quien muestra el destino pero esconde el inicio
Quien no tiene prejuicios
Y quien muere y vive sin ser dios
El tiempo mi vida, el tiempo chillón y sin voz.
Quien sordo puede oír todos los confusos llantos
Quien ciego ve la sangre en mi manto
Quien muerto vive delante de mi próximo paso
Quien con él ya no hay caso
Tan sólo un aburrido y trágico ocaso
Que de mi vida ya marcó su último trazo.
Y se inunda mi cráneo de signos de interrogación
En un minuto muerto y colérico por redención
Redención famélica de frases cortas y poco visibles
Palabras inocuas con finales terribles
Epílogos de cuentos de nunca empezar
Tramas ajenas de todo pasajero bienestar
Y un ramo de violetas negras
Que a más de un demonio interior alegra
Se despierta el torrente de mi sangre
Que me grita que aún no seré aquel fiambre
De inocentes muertes postreras y oscuras
De tramposas ilusiones amatorias y paredes duras
Paredes de una casa que no es hogar
Donde todos se encuentran pero nadie quiere estar
El cíclope sobre la puerta de todos y cada uno
El propio ángel caído en ayuno
Hambriento de todo lo que se viene desde ahora
Y esperando que la sangre llegue sin demora.
Torturando la santa labia de un orador mudo
Despellejando con una pluma mi torso desnudo
Estremeciéndose en su propia montaña rusa
Manco, ciego y con una pierna que no usa.
Helo ahí, señor tiempo vanidoso
Matador de inicios ágiles y presurosos
Tiéneme entre su cama de clavos y mi frío
Entre una escalera y un techo sombrío
Entre un saco de malos recuerdos cercanos
Y un plato caliente de pasos en vano
Vanidad absurda de mis zurdas melodías
Acabose entre todas sus cosas mi último día
Y se callan las voces de todo lo que deseo
Se me cortan las manos, nada deseo
Y se tupen los llantos de todo lo que quiero
Se me desprenden los ánimos, nada quiero
Nada deseo, nada quiero, nada celebro
Todo es un bocado de ceros, y tiemblo
Tiemblo desde las venas a la herida en mi cabeza
Tiemblo entero y caigo con delicadeza
Caigo sobre las cobijas que nadie puso
Sobre las mantas aéreas que el tiempo supuso
Supuso menester para mi letargo
Supuso menester para mi décimo viaje largo
Y dejo de flotar
Ahora sólo me queda preguntar
Preguntarme y cuestionarme
Azotarme y devastarme
En una tumba de fuego
Que ya es tiempo del fin del juego
Mi juego de mentiras piadosas
Mi juego de jugar en una baldosa
Mi momento de momentos ligeros
Mi tiempo de llantos pasajeros
Ahora es el cuando de mi último llanto
Debo sobre mí poner el sádico manto
De hilos de niebla y un leve espanto
Espanto de fantasmas que navegaron acá siempre
Pero que ahora deben verme morir antes de otro diciembre.
Es tan sólo el tiempo añejo y nuevo
Es tan sólo él podrido y nuevo de nuevo
De nuevo ahora y siempre después
Ya es hora de empezar a contar al revés.
Y mientras en la taberna de enfrente juegan esos mozuelos
Riéndose entre sus muñecas y tierra de mi consuelo
Consuelo que ni durmiendo busco
Todos me gritan, gritan que ahora esto es brusco
Pero el árbol de nuevo durmiose en mi salida
Cierro lo ojos y no se porque aún mantengo encendida esta vida
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