miércoles, 7 de julio de 2010

la muerte, primera parte

Y si ha de ser la muerte mía alguna vez
¡y sí que ha de serlo! puesto que no vivo si no muero
no descansaré si no estuve
no seré si no fui
y siendo que quiero ser y estar
no hay por otra cosa que decidir
el tiempo del despido
pues ni llantos accidentales quiere el hombre bueno
pues ni poco sincero funeral deseé
so, será el descanso mío cuando él baile junto con la muerte eterna
y ambos se confundiesen en el mismo instante
cuando ya todo lo que hice sea grande
cuando lo que hice ya no lo haré
estará todo diciendo lo que fui, y que no seré más.
Entonces, que de descanso se teja el resto del tiempo que no viviré
pero que ni triste me sucumbe, pues triste no estaré
cuando a la muerte yo me ofrezca
cuando morir yo decidiré.


Presunción de morir. Ha querido la humanidad, la mala humanidad, descifrar la inconclusión de la vida como un pasaje, como un estado transitivo entre otros dos estados, aún quizás estos más pequeños que la sucesión posterior a la muerte; se quiere beatizar algo meramente humano: la atención la quieren poner en la vida después de la muerte, los otros ruidos no son importantes. Entonces, lo sacro intenta enraizar sus propios miembros en la nube luego de la muerte, en ese estado confuso, virgen, promoviendo un efecto etéreo en algo místicamente concreto - violentar el misticismo con empirismo, ¡que hay, sino su fe, más absurdo que eso! - puesto que "no existen aquellas ni tales otras opciones sino la que acá está profetizada, plasmada en el libro sagrado". Se hizo durante la vida del mesías la ópera prima de este legado enfermizo, y en el medioevo sus planas fueron asidas por inquisiciones y difamaciones, tortura a la cordura, MUERTE. {...} Y a más sino codear al hombre tan sólo con su futuro post mortem divino, han de crear un lugar poco amigable - ¡Ay que no es cruel la mentira, haciendo presa del sufrimiento al cuestionador y embriagando al ciervo en la perfecta celeste hipocresía! - para quienes no deseen optar por tal incólume premisa; y a de ser ni eso, ni siquiera el averno es sólo opción del incrédulo, del pasional, sino también es hogar del malvenido, del pecador, del poco religioso. No es futuro exclusivo del hombre grande, remoto a la caída de Moisés, sino también del que hizo las cosas mal... pero, ¿qué es hacer las cosas mal?. Simple, y no tuvieron vergüenza nunca de esconderlo: hacer las cosas mal es NO HACERLAS de la forma en que fue dictada por sus deidades. Cielo para los que se consumen en la fe, infierno para los que no.

Pero henos acá diciendo que no, y no hay infierno para nosotros.

La muerte no es más que el fin de todo lo hermoso de la obra del hombre, la cumbre del camino del buen hacer, el logro máximo, el descanso, cuando es por dejar de hacer el término del todo, pues ya todo se hizo bien.

...


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