En tibia hojarasca purpúrea
El voto auditor de vuestra casa
Que ni alienta ni perdona
Ni al familiar, ni a otra casta
¡Venid del trueno!
Haced del incorpóreo un ruiseñor
En el responso de antiguos
deudos
En las cortinas de largas
cataratas
En la fragua de metales impuros
¡Venid de la fuliginosa luz, y
venid bien!
Venid dios de otros mares
A postrar negras las almas
De brutos poco bravíos
De brunas espiritualidades
So crimen del pecado
Ha de haberme el sol y el mar
Entrometido en liadas cacofonías
De aves insurrectas
De serranías secas
Y múltiples blanquecinas
inquietas
Si ha de morir ahora
El postrero de mis segundos
He de ser el que gritó la
parábola
Desde la naciente entraña
Hasta la última mescolanza
Y esta tibia prosa absurda
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