“Lentas odiseas arrítmicas
Duras velas sobre el viento
Y las manos mías cansadas
Apoyadas en un muerto juego de cuerdas
Y saltando bajo sus alas
De las aguas aparecen gruesos ángeles
¡Canalla mareo malvenido!
Que entre tus vueltas tómasme
Y entre tus descansos menguantes
Sueltas las cadenas que sujétanme
Por debajo del pecho dañado
De las vísceras , del espanto
Y entre estas dañadas costillas
Se cuela el malestar , el mar
Cruel meneo en mis pies
¿Porqué de cristales mis manos quisieron
Hacer sus escudos? Torpe conciliación
De tiempos sobrios y luminosos
Con las de antes oscuras leguas
En la senda de una embriaguez ineludible
Suave treta de descansos sucios
En un sueño agrio refugiadas
Y volviendo entre mis labios , la merma
Y regresando de las aguas , la mala yerba
Impía cólera
Automática redención
Un vaso mojado
Sereno
El minuto tras mis pasos
Y los tiempos perdidos
Que nunca se supieron consumados
Ni bienvenidos
Rápida defunción
Del alma
Y una muerte cercana
A la acera , enfrente
De mis ojos dormidos
De mis labios cansados
De mis manos mutiladas
De mi éxtasis traicionado
Juraron mis palabras vuestra alegría , vida
Pero no hay más sino instinto en mis risas
No hay otro sino placer en mis venas
Y tus pasos ya nos los veo
Pues mis ojos ciegos
Ahora de negro tiñen sus descansos
Y de alcohol adornan sus regazos
Patética vuelta
En mi espalda el dolor
En mis pasos , el mareo
Y entre tus oídos , rencor”
León, madrugada estival
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