lunes, 12 de julio de 2010

la muerte, égloga urbana

"Mil zapatos surcan tal paso
caminado ebrio por los míos
por la senda misma, ésa
la de los zapatos perdidos
dulces por la última noche
de tal embriaguez eterna
perfecta pasajera brisa
puesto que si ni en él estuvieran
cantados los pasos de mis zapatos
ni de su muerte se supusiera
sean de ella los mil zapatos
que por otro caminar el mismo camino arrastraron
suaves y presuntuosos
tranquilos y arrogantes

Entonces, ¡que sea acá su muerte!
puesto que el camino ya está caminado
puesto que los zapatos ya están gastados
puesto que miré hacia atrás y dije gracias
y decidí que ya no quedaba camino limpio
más que el que ya se caminó, cansado

A un suave meneo desde la orilla
encontrase la última andanada de la carne
de los dedos, la última caricia en el viento
entre los dedos, el baile del aire libre
bajo los dedos, un último trozo de la vida

Pero ha de ser entretenido el desvelo
mientras surgen de entre el descanso los actos consumados
y las buenas cosas, y los buenos momentos
y todo lo hecho por las mismas manos que ahora duermen
por el siempre de todos los tiempos, por ahora y nunca

Y si han de venir otros al funeral
se han de suponer entusiastas
ya que ni las lágrimas acá entran
y los malos rostros en este rojo no van
que se queden en negro
esperando su turno incauto y pequeño
esperando el propio momento
y que, por Dios, no han de ser sus lamentos acá
porque allá, en su silencio, nadie los dará

Que sepan los que quedan vivos
que el muerto poco estruendo ha de esperar
que sus fiestas ya fueron festejadas
y sus gracias, a nadie ha de entregar

Y en mi muerte, yo sólo muero
no entristezco, pues pena no ofrezco
sino fuerte labia gruesa
que no espera consuelo
sino un sueño eterno
sino ésta, la muerte que deseé
siempre atento
siempre queriendo así estar muerto
siempre vivo, para querer fenecer eterno
con la obra bajo el halo del recuerdo
no el olvido del duelo
no la melosa insistencia del mal sentimiento
del hombre que la muerte mal ve
cuando se viene encima y distante
cuando requiere la causa, ese efecto
cuando se limpian los ojos
y la oscuridad del tiempo
se vuelve claridad del hecho
de lo bien hecho
de lo bien vivido
y de lo ahora bien muerto"


León, 2004



1 comentario:

Anónimo dijo...

muerte por recompensa
y no desastrosa inocencia
de ingenuo accidente
ni de vida impotente

muero porque ya vivir no debo
mas se tiene por gracia
el descanso de los hechos
y la suavidad del silencio eterno