lunes, 1 de diciembre de 2008

parlante

Señores
alzen sus manos y rezen
por el perdón de esta afonía
que me letarga la miserabla vida que regalé
y me consume las lástimas de otros
que posaron para la foto de la desdicha
mientras me sumaba atento
en blanco y negro
a la fila de la cabina de la histeria individual.
Y donde te metiste hoy?
el sol de la noché me recordó que venías
pero no te ví ni las canas.
Señores
saquen sus dedos y rechinen los dientes
se acerca el merecedor de todos sus gritos morbosos
y las plagas subcutaneas.
Griten! la muerte se me acerca
pero lloro como dragón de marmol,
no tengo la culpa de redimir el asco de ella
y me perturba el pequeñito ánimo de ella
y que quiera ser golpeada y visitada por observadores
que sólo quieren ver bailar a los monos
mientras mueve su patética cola al compás del licor
y los sauces no lloran
y el río se seca
porque todo es ciego en la agonía de la conciencia
y las ramas de sus ojos no soportan
ver las verdades en otras mentiras
en mentiras lúgubres y sarcásticas
de los demás simios que la acompañan
y salir limpia
mientras se mojan entre sus líquidos sexuales
y juegan
entre mi decencia y su insanidad
que ya aburre;
se me murió la gracia de su locura
mientras me decía que sus risas eran las mías
y que tenía alas,
pero se las ví cercenar
por tijeras burdas y sucias
que juro ella misma ató a las manos
de buitres negros y hediondos
para serles cortadas las plumas
y todas las huellas de una belleza
que ahora ni oculta ni dramática tiene
sinó muertas, todas en su charco
de cervezas y cigarros.
Señores
perdóneme por no poder perdonar
pero está todo muy sucio
y huele esto a sangre;
dormido miré por la ventana
y salí
apretando los labios de entre hojas de respuestas
que no tenían misericordia
y recordaba que necesitaba algo
que nadie me dió
y que soñador esperaba
naciera de ella y su trance crónico.
Pero vieron, murió para siempre acá.
Señores
hagan sus apuestas
que la señorita de la polera mojada vendrá pronto
saliendo de su rojo santuario hedonista,
hablando en un coloquial muy indecente
y rengando
con sus tacos gigantes y su rubia cabeza,
a satisfacer sus más precarias humoradas dérmicas
y sobará su vientre
jugando con el atuendo de cualquier prostituta
cuando las palmas suenan
y el vino rebalsa los ojos y las rodillas
teniendo las piernas abiertas
como mi dolor
y gritando tal cual lo deseen
con gemidos de placeres lejanos
y vomitando todo el sexo que quieran
mientras sigo llorando
y le pago a la señorita
para que continue con el desfile
y se vaya pronto de acá
de mi casa,
no quiero otras feromonas cerca de mi entrepierna hoy.
Y la mujer de las flores no viene
y gozo con eso
poniendo los lápices en el orden geocéntrico que merecen
botando papeles
y escribiendo a ojos cerrados
palabras con la sangre congelada de mis sienes
y la pistola en el suelo.
Me tiro al suelo y escupo una pregunta
que me golpea de vuelta en la cara
con la violencia de dos mil lobos guerreros
y un temblor sumiso en el craneo:
"Pablo, sanará esa herida?
el ardor eriza tu lengua y te retuerce
sacando las últimas cargas fecundas que tienes
y resistes
queriendo soltar las amarras
y dormir en tu penumbra..."
Eso, en mi pena que alumbra
lo que nadie tiene claro que es
pero oscuro está
cuando maquillo las grietas en mi cuerpo
con anillos idiotas de azucar y suave crema negra
y dos torpes tornillos de un televisor añejo.
Prende la radio, me digo
hablando entre saliva y carne devuelta por mi boca
mientras te veo lejos
y tu halo roto, desde allá
juro me sana esta herida
y me traes lo que no puedes con tus manos
y me dices lo que no puedes con tu boca
y me enloqueces con esta tranquilidad
te ves tan hermosa cuando no te veo
y tu voz me desarma cuando no te oigo
y tus canas corrompen los cables con los que sostenía esta mentira
y modificas los pasos lógicos con tus absurdas visiones alcohólicas
pero te ves bien, ahí remota
luchando con tu pasado de novela heróica
y te crees ver linda
aunque la mugre te cubre hasta la frente
pero si quieres miento
y te digo lo bella que estás
omitiendo todo el fuego plomo de entre tus dedos pegajosos
y lo correcto de tus idiotas frases
asumiendo que mientes sobre todo lo que conoces
y lo bueno de tus acciones
saltando en los pilares de mierda en los que te sostienes,
pero no me pidas mirar tus brazos
te regalo todo lo que quieras en silencio
y en una muerte cerebral
sin saber nada de nada
sólo tu imaginación
y yo durmiendo fuera de ti.
Señores
la función ya terminó
los mantuvo entretenidos la dama que les contraté?
por dinero no se preocupen
la señorita imprudencia les robará el alma
despacio
cuando vean que sus vidas apestan
y sus pies
y sus hijos sean lo que ustedes aborrezcan
y sus perros les muerdan las piernas
y mueran sin saber para que vivieron.
Agradezco sus rezos y su prosa sanguinaria
y sus consejos que les prometo no tomaré en cuenta
asquean como su aliento,
y sus risas talladas en opio circense
que alguna vez veré en un programa de televisión infantil
a las mil de la noche
con senos al aires y las palabras que se saben
que sólo esas saben.
Señores
ya he dicho lo que no quería escuchar
fuí el parlante parlanchín
en un mudo monoaural sonido de tres bandas
pero parlante, al fin y al cabo.
Y ahora yo rezo por una flor
que no acabe tan rápido con una ilusión de cartas y mensajes
de llamadas y besos
y de miradas perdidas en la nada que circunda mi cabeza
rodeando el aura que no poseo
y las pausas que nunca debí tomar.
Señores
no aceptaré el fruncir de sus seños
no les gustó ver desnuda a la decadencia mientras yo lloraba?
no sean patudos
ustedes gozaban durante mi mazoquista sufrimiento
miraban las piernas de la torpeza cuando mis lágrimas humedecían todo
y resbalaba acá, a su lado
y ustedes no veían nada.
Quieren que haga algo que ustedes no hicieron?
Me cago en sus putas madres
y ustedes escupen en sus zapatos
ya que yo me protegí
y calculé sacarles los ojos para antes de su enojo.
Amé y nadie me vió tirado bajo el puente
nadie tomó de mi miserable brazo y cogió un palo
y me golpeó.
Asi que lloren, como yo
en su ceguedad, en su humedad
que poco tiempo queda siempre
para vivir lo poco que saben de su existencia.
...
Y yo
ya no estoy dentro del juego del horror que me regalaste
y que me ataba las meditaciones ulteriores y vacías
pero mías
con las cuales jugaba en las habitaciones de los niños poetas
y de las que me desprendo a veces en una estupides profunda
pero ya no, ni sangrando.
Y tú
odia
que parece que no sabes hacer nada más bien.
...
Ahora soy parlante mecánico
ente sonoro taxativo
parlante de mano
y no micrófono volatil
de pies y manos tranquilas
pérfido acero mal pulido
ni patente de local aburrido.

Clawfinger - the faggot in you












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