jueves, 21 de mayo de 2009

La Mañana Siguiente

La caída de entre los dedos que siempre se quiso evitar
Condenándose la vida
Revolcándose el halo, sudando el pudor
En un rito fálico y deshinibidor

En la pausa de una locura etílica
Fría fiebre de madrugada
Suave y estéril, de nocturna descendencia su saludo
Que hiere inconciente la piel
El roze de una caricia melancólica y despistada
Perdida por tosca ausencia entre vasos y carcajadas
La soledad desaventurada
Del borracho ciego y malobrado
El paso después del vidriado ocaso
Embustero, mentiroso aliento
Fatal grito de placer que nerva el cuerpo
En la sacudida de todos los miembros
Y la comunión de sátiras y malas jugadas

En esta, la fiesta de la carne
Somos todos destruidos en el escenario

Y yo acá perplejo
Ausento pero estando, visto y desapercibido
Loco en la locura famélica
Presuroso en el vaivén de todos los cansados
Apresado, apretado en las murallas
Licor y carne, destrucción y fraude
Un trágico suceso de siempre acabar

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