A no conocer las calles con ese golpe
Mas nada, tan sólo emancipar los deseos de estar unos momentos
Oliendo lo que con estas letras se ha cosido
En Madrid.
Tropiézanse los dedos en los otros dedos
Resumiendo las frases lentas y torpes del sueño irritable
Que embarga en mis noches, ácidas noches
En cualquier parte, no en Madrid.
Un anfiteatro perfecto
Hermozo desencierro
Los abiertos ladrillos de murallas gigantes
En Madrid.
¡¿Qué corre por sobre mi espalda?!
Que nada trae ni nada lleva, muda indecencia tan desatendida
Sucumben las necias palabras que he escupido
En un lugar dormido, no en Madrid.
Han de llamar los cielos a las aves rojas
Al último rebaño de bestias voladoras
A mi padre en el cielo, a mi y a mi inmaculada burdez
A juntarse en el nuevo mecánico apocalipsis
En Madrid.
¿Dónde viene que no se lamenta?
Tan rápido, la muerte
¿De quién la muerte loca y espontánea
Espera poder robar el alma?
¡Por favor, a mí cuando quiera!
No se esmere la muerte en coger mi nombre en su lista
Y tachar la vida que he vivido
Si salvo hasta mi próximo sigilo
A Madrid.
Cuencas rotas
En la anunciada destilación de todos mis hechos
¡Qué inhumen mis huesos alombrizados!
En Madrid.
Madrid en la cima del volcán
En el viento norte que cubre mi erial
En la noche pálida
Madrid en las nubes bajo el sol
Madrid en mis promesas
En mi promiscuidad olvidada
En mi andropausia anticipada
Madrid en otro lugar
Mas siempre lejano
Mas no acá.
Y eso golpea mis ojos
Y me hace llorar son poder controlar
Nada.
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