martes, 6 de octubre de 2009

despertar


Calla voz mía

no han de ser ni vuestras soledades mi luz

ni vuestros susurros mi salvación

De albur se tiñen mis grises sueños esta jornada, como en el rojizo horizonte del lobo el becerro. No hay por tiniebla más otra que la del velo de mis negruscos e impasibles ojos, apagados y mentirosos vidrios carnosos, esos ojos que se escapan furiosos, los que de las podridas fábulas ancianas arrancan. Hijos de mi arrugada frente, de pronto mancebo dulce desahucio. ¡Que escóndeseme la noche y frúncense las sábanas de este rasgador campo de algodón y burbujas! Duerman quienes antojen, mas yo ahora no atesoro los ruidos de las gallináceas.

“Retadme brioso el derecho de mis ojos

Promete que en sus brazos no habrá nunca de nuevo luz

Y que húmedas eternamente sus faldas vivirán.”

Y entre mis brazos mi testa y tras ese, mi bostezo, yo, ¡O placenteros vosotros mis dioses, una saña cristalina me zarandea de las mantas nutridas por vuestros dedos! Inquina de los ojos francos, mas no tienen estos por patria otra que las teces del rostro que se me tejió, valeroso y dañino telar de viejas escuelas dormidas, cuencas zurcidas en las manos de vejestorios irreproducibles, rostro padre de mis ojos, vástagos de macabra prostitución. Los ojos que no conocen el descanso; ustedes, vuélvanse donde siempre los amé, fuércense a cavar hondo entre lo ahora hondo de mis facciones. Tomen lo que sumiso como ofrenda he dejado por los años de los años, siempre presto todos los días, los de sol y los de noche, los de risas y los de llanto, en torno a sus laureles ajetreados y tatuados, y vengan conmigo de nuevo al sueño melódico, ahora sollozando en esa esquina, que renunciado se siente de nosotros. Nosotros hémoslo abandonado, él dice, y yo me calcino profesándole. Nosotros hemos ido perdidos donde ya nadie nos quiere, nosotros ojos, nosotros yo y ustedes, nosotros con los ánimos tibios de la almohada que todavía no dejé de asir. Perdónenme mis preciados si a las ordenanzas vuestras yo he fallado, pero no hagamos de esto un agitado y demencial rebate, impío enfrentamiento en el que o ustedes sángranme o yo sángrolos. Cúbranse mis adorados con sus lienzos e imploren por un pronto letargo. Por el amor de nuestra amada lisonjeemos de nuevo ese huérfano sueño.

“Y hete allá dormida, allá donde no hay puente del cual agarrarse.

Hete ahí muerta y desposeída.

Y heme acá despertando entre tiendas vacías de hombres vacíos.

Las criaturas de la mañana han de tratar de acicalar mi nueva alba sin vos.

Y yo acá solo, mas bajo la luz del farol, mas poseyendo nada.”




No hay comentarios: