"Entiende, que yo ya lo hice; esto es una pelea de luces apagadas. ¿No te da asco mirar al ave acabada sin plumas?
Señorita, me inquieta su prudente manera de caminar hacia mi. Ya no eres la Laura con dotes para renacerme. Te moriste el día que me mataste. ¿Aún no puedes sacar esas lágrimas de tus azules ojos? Tienes la mirada cristalizada, te duelen las cuencas, pero repudias tener que limpiarlas.
Mi amor, aún miro hacia arriba para ver tu hermosura, mas tu estómago te lastima demasiado para entenderme. Ya no es suficiente el montón de absurdas palabras que tienes para decirme, recuerda que mentías al mentir, tus labios son tan insensatos como yo.
¿Todavía puedes decir que me quieres?
Todo será mentira hasta que se demuestre lo contrario.
Todas tus risas serán falsas hasta que logres volver a suavizar mi cáncer. Ya tus remotas manos no masajean el tumor en mi sangre. Todas tus minúsculas letras recorriendo el aire entre tú y yo ahora no saben más que a películas viejas, tu fraseado es ridículamente burdo y repetido. Tus oraciones no dicen nada más que obviedades de una criatura desorientada y loca.
Tu rubio cabello ahora no brilla tanto.
Todos tus síntomas yo ya los sentí golpear mi pecho. No volverás a indagar entre mis ropas hasta que yo pueda ver inocentes a todos tus muertos.
Eres algo que está muy poco producido, material aletargado de situaciones que no puedes controlar. Eres hermosa, Laura, pero tus ojos se ven demasiado pesados. Tus manos están frías y te duelen las costillas de tanto reír.
Te suenan familiares ahora sueños de vidas que no están. Ya no puedes soportar verme fuera de tu juego. Ya no puedes cargar más mi mochila.
Mi amor, te amo ahora más que nunca, pero recuerda que puedo ser tan patético como tú. Aprendí a mentir gracias a ti. Nadie me ve desde su lado de la calle, son sólo sombras las que parpadean bajo mis pies. Tú no estás ajena a esto, la palabra "especial" te ha quedado grande. Ninguna silueta me persigue, mi rastro no es otro más que el que llevo delante de mi torso, golpeando los tambores de la marcha que nadie ha de escuchar. Soy muy angosto para percibir tu extraña armonía, y tú eres otra más del montón.
¿Recuerdas haber hecho algo que nadie más recuerde?
Laura, mi Laura, la nueva Laura, tus piecesitos de flores huelen a algo que no quiero ver y tu aliento sabe a algo que no quiero escuchar. Tus labios aún deseo, pero los míos se muerden y sangran pensando en qué conspiración barata te encuentras ahora. No puedes ver más allá de mi cara, dulce idiota mujer insensible.
¿Quieres besarme?
¿Quieres abrazarme?
Yo tengo un perro, ¿tú que tienes?
Has vuelto a ser la Katja que me dijiste olvidara. Has vuelto a ser la que se esconde tras el escritorio frente al mío. Has vuelto ha ser un objeto, y no un sujeto. Y lamentablemente no tengo el dinero para volver a comprarte.
¿Puedo saber qué has hecho para expiar tus culpas? Yo me he remojado en una taza gigante de leche y avena, lo juro. Tengo el halo roto pero dulce, esperando una bienvenida de sueños que una mujer aún no piensa tener. Soy el deseo de una delicada muerte.
Quiero irme fuera de donde no estoy.
No tienes ni la fuerza ni el poder para arrastrarme adonde no quiero ir.
Me persigue, como a ti lo hizo, una carta de suicidio premonitoria. He escuchado gritar a un par de ligas y un baúl la agonía de mi vida, y yo voy suave cantando su melodía. Creo ser ahora un trozo de héroe, lo necesario para descansar siempre.
Laura, ya no serás Laura. Morirás en pedazos frente a mi máquina de pesadillas rotas. Niña de los ojos de mar, no me has traído los recuerdos que debiste haber pensado deseaba.
¿Acaso has tramado mis pasos junto a los tuyos con una botella de licor en las manos?
Te aborrezco, como a mí, porque se que ha sido así, mi rencor persigue sin tropiezos a mis más actuales lamentos. Y mi melancolía llora bajo el manto de tus pequeñas historias de regreso estúpido, rezando por la caída de un par de ángeles que sólo los topos conocen.
Mi ceguedad me impedirá mirar por sobre tu falsedad. Lo siento.
Y ahora vete, toma un espejo y mírate: hoy es tan sólo otro de esos días.
Me duele el estómago...
Voy a remirar tus fotos y juro veré tan sólo una fea copia del demonio que odias.
Lamento las heridas en mi corazón tanto como las heridas en el tuyo.
Ahora quiero descansar y dejar de hablar contigo, tu boca silente sólo me hace aborrecerte un poco más.
Chao!"
León, dos mil y fracción
1 comentario:
"Quiero sacudir el cuerpo que he querido ensuciar con mi orgullo. No puedo negar que cada cosa que hago te tiene a ti, siempre.
Es increíble como has podido inmiscuirte tan suavecito en mis huesos. Y tienes las garras largas, pero que más da, todas mis heridas se curarán alguna vez.
Niña, tienes entre tus dedos veintitantos años de silente indecencia, me traes presuroso bajo el hálito de tu belleza. Soy ahora no más que un no muerto persiguiendo tu aroma a pino y jazmín. Te amo y no se aún como explicar que pueda hacerlo, y más aún contigo.
Eres tan linda que mis dedos lloran por escribirte. Traes entre tus miradas las mías, pisas las calles que soñé la noche anterior para ti. Te he ideado una ruta mágica hacia mi estancia… lástima que ni tú ni yo aceptemos que debe ser así.
Quisiera gritar en tus brazos todo lo que te quiero, pero se me han ido todas las fuerzas para traerte de vuelta. Aunque lo odie, te repelo ahora por naturaleza, me has dolido demasiado para correr a tu torso de nuevo. Eres mi amor sucio, la estaca que golpeó mi oscura vida, pero sabes que me tienes en el suelo y con la cara ensangrentada, creando barro con la tierra y todos los líquidos que me has hecho perder con tus miserables porrazos. Quisiera poder susurrarte que te deseo, pero tú no lo has querido…
Grito al sordo cielo por tu cuerpo, mas nadie al parecer me escucha.
¿No habrá nadie allá arriba?
Lo sé, vives sola entre las nubes en las que te he subido. Ahora tengo los brazos agotados por lo mismo.
He sentido placer dentro de tus pecados, pero, ¿estará eso bien?
No quiero volver a morder el asfalto que me has hecho conocer con tus errores. Ya tengo demasiadas llagas en el alma para aceptar tus laceraciones una y otra vez más. Me conoces así sensible, así débil, entonces deberás amarme dentro de esta extraña esfera que aún no hemos construido. Sacaré todas las herramientas que tengo, lo juro, y trataré de hacerte ver lo que yo puedo ver entre nosotros.
Es tan hermoso como tú.
Pierdo el sentido cuando te pienso, se me vuela la conciencia cuando siento que estás ahí, respirando tan lejos de mí, pero puedo olerte y eso me mantiene palpitando el corazón."
León, verdades no dichas
Publicar un comentario